Palabras y Obras de Cristo: Revelación Divina y Mayordomía del Evangelio
Cristo: Sus Palabras y Sus Acciones
Las palabras de Cristo fueron confirmadas con milagros y obras maravillosas (Hch. 2:22; 10:36-38; 13:24-25). Los milagros son el «sí» dicho por Dios a las palabras de Cristo (Heb. 2:3-4). Por lo que se refiere a la realidad de los milagros, hay que decir que están tan fuertemente entretejidos con la vida de Cristo, que no se puede prescindir de ellos sin destruir la figura del mismo Cristo. Abarcan desde las curaciones de enfermos y expulsión de demonios hasta las resurrecciones de muertos y milagros de la naturaleza (calmar las tormentas, la pesca milagrosa, multiplicación de los panes y el andar sobre las aguas).
a) Sentido y Finalidad de los Milagros
No fue la intención de Cristo socorrer la necesidad momentánea de un corazón que sufre o satisfacer deseos de llamar la atención y saciar la curiosidad. Que no fue su intención lo primero es evidente si se tiene en cuenta que nunca salió a buscar enfermos para curarles a todos. El número de los curados es pequeño si se compara con el de los no curados. Es evidente también que Cristo no hizo ningún milagro por pura espectacularidad (y en esto hay esencial diferencia entre Él y los magos o hechiceros helenísticos), porque nunca hizo milagros donde no había fe (Mc. 6:5).
Los milagros tenían que preparar el camino a su misión y a la fe en Él. Siempre se niega a hacer milagros allí donde tropieza con corazones arteros y espíritus obcecados, no porque eso le reste poder, sino porque el sentido del milagro sería retorcido (Mc. 2:5; 5:34; 6:5; 10:52; Mt. 13:53-58). El milagro está, pues, al servicio de su misión.
Cristo se revela en los milagros como en la palabra. Su palabra y sus milagros se corresponden mutuamente; forman un todo inseparable. Se apoyan y se fundan uno en otro. En sus discursos explica los milagros como el sello que Dios pone a su testimonio de sí mismo; por lo menos tienen esta significación y sentido, aunque sean también obras con fuerza salvadora. Los milagros no son solamente ayudas oportunas e inesperadas venidas del cielo en los apuros terrenos; son además revelaciones de la presencia de la gloria y poder de Dios, y en cuanto tales son a la vez testimonios divinos a favor de la palabra de Cristo. Cristo se revela en el milagro confirmador de su palabra y en la palabra intérprete de sus milagros como el enviado de Dios, como Hijo suyo.
La estrecha y mutua pertenencia de su palabra y milagros es corroborada por Cristo mismo cuando responde a los discípulos de Juan Bautista: «¿Eres tú el que viene o hemos de esperar a otro?» Y respondiendo Jesús, les dijo: «Id y referid a Juan lo que habéis oído y visto. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados» (Mt. 11:2-5).
b) El Milagro como Signo de Gloria Divina: La Curación del Paralítico
En la curación del paralítico se hace especialmente patente que los milagros son signos de la gloria y poder divinos revelados en Cristo. Jesús vuelve a Cafarnaúm: «Se supo que estaba en casa, y se juntaron tantos, que ni aun en el patio cabían, y Él les hablaba. Vinieron trayéndole un paralítico, que llevaban entre cuatro. No pudiendo presentárselo a causa de la muchedumbre, descubrieron el terrado por donde Él estaba, y hecha una abertura, descolgaron la camilla en que yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Estaban sentados allí algunos escribas que pensaban entre sí: «¿Cómo habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»
Y luego, conociendo Jesús con su espíritu que así discurrían en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y vete? Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados -se dirige al paralítico-, yo te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a casa.» Él se levantó y tomando luego la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos se maravillaron y glorificaban a Dios diciendo: «Jamás hemos visto cosa tal» (Mc. 2:1-12).
Jesús da pruebas del poder divino de perdonar pecados, cosa que nadie puede comprobar, por medio de un signo que puede ser comprobado por todos.
Lo que cuenta San Marcos es sensacional y conmovedor. Los amigos del enfermo y él mismo se tomaron el esfuerzo de llegar a Cristo, hacia quien les empujaba su fe y confianza. Aceptaron la dificultad y la antipatía de los demás, sobre todo del dueño de la casa. Aún más grande debió ser su desilusión cuando el Señor le concedió lo que no esperaban ni pedían, pero no lo que habían querido con tanto esfuerzo conseguir: la salud del cuerpo. El enfermo debió sentirse avergonzado cuando Cristo habló en público de sus pecados. Sin embargo, la desilusión tenía remedio. Cristo descubrió el abandono más profundo, que él no conocía, y del que, por tanto, no había deseado ser curado: el apartamiento de Dios; de él eran síntomas todas las demás necesidades. Por esta revelación la situación fue descubierta ante todos los presentes.
Cristo dijo que curaba esta necesidad primera y origen de las demás. Concedió al enfermo la liberación de una carga de la que ningún hombre podía librarle. Los asistentes pudieron oír la voz de Jesús, que decía poder conceder lo que a ningún hombre le está permitido conceder. Tenían como posibles dos modos distintos de acoger esa pretensión. Podían reírse de Él como de un loco o compadecerle o tacharle de pretencioso, ya que no podían ver en Cristo al Hijo y Heredero de Dios, capaz de hacer lo que prometía. No se les ocurre, sin embargo, esta primera posibilidad. Cristo da tal impresión de sublimidad y seriedad, de dignidad y grandeza, que no se les ocurre el pensamiento de compararle con un anormal. Queda la segunda posibilidad para aquel auditorio no creyente: condenar a Cristo porque se hace igual a Dios. Eso es lo que hace en realidad y que sus contemporáneos vieron claramente. Cristo dice que tiene poder y autoridad para ordenar las relaciones del hombre con Dios, que puede, por tanto, palpar con manos seguras las más íntimas y hondas relaciones de la existencia humana, y que Dios reconoce su obra sin que deba asegurarse de antemano su consentimiento. Si tiene tal pretensión y la dice, no es una mera frase. Él da pruebas de poder disponer de la relación del hombre con Dios. Se da a sí mismo tal legitimidad curando la enfermedad, concediendo al enfermo lo que desde el principio estaba deseando, pero que sólo ahora puede comprender en toda su trascendencia y en todo su sentido. Al curar la enfermedad cura el síntoma del desorden que se trasluce en todos los defectos de nuestra experiencia. Cristo pregunta a sus oyentes qué es más difícil, remediar ese síntoma o esa otra más íntima necesidad que le sustenta. No la responde porque no tiene respuesta. Nada es más fácil ni nada es más difícil. Ninguna de las dos necesidades puede ser remediada por el hombre; sólo Cristo tiene poder sobre ellas. Curándolas y remediándolas libra al hombre de las dificultades e impedimentos del cuerpo y del alma, devolviéndole a una existencia verdaderamente digna y humana.
Claro que los hombres pueden intentar una y otra vez configurar una vida digna del hombre prescindiendo de Cristo; hasta pueden tener éxito: pueden lograr aquí y allá una humanidad grande y noble; pero sólo en Cristo logra la dignidad humana una garantía que supera todas las garantías terrenas y sobre todo logra una calidad absolutamente superior a la lograda en cualquier humanismo puramente terrestre. Porque, en definitiva, sólo hay fundadas esperanzas de verdadera humanidad allí donde el hombre se orienta hacia Cristo mediante la fe y confianza en Él.
c) El Milagro y la Palabra como Llamadas de Dios
El milagro, sin embargo, no fuerza a creer en Él y en su misión más que su palabra. La razón natural dejada a sí misma puede hacer intentos felices de explicar naturalmente los milagros de Jesús. Así, por ejemplo, el método puramente histórico aplicado a la explicación de los Evangelios puede decir que Jesús curó a hombres que se creía que estaban poseídos del demonio. Pero la razón no está obligada o forzada a convencerse por las narraciones evangélicas de que Cristo expulsara demonios realmente.
Las palabras de Cristo no son puras comunicaciones sobre un hecho o contenido; no son puras teorías, sino alocuciones salvadoras, sermones, llamadas, mandatos para que los que están bajo el poder del pecado y se han hecho miopes para ver a Dios se sometan al imperio del Señor inaugurado por el mismo Cristo. El oyente puede negarse a obedecer la llamada de Dios. También los milagros son llamadas de Dios. El que los ve se admira y pregunta: ¿quién es éste? De esa admiración ante los milagros puede nacer la fe. Pero tampoco los signos de gloria y poder divinos revelan inmediatamente a Dios; por no ser más que signos de Él, puede explicarlos el mal intencionado como signos del demonio; y por fin le parecen pecados y escándalo (Mt. 11:3, 6). (Cfr. volumen I, 29.) (J. Schmid, Das Evangelium nach Markus, 1950, 41-44).
Contexto de Mateo 25:14-30: El Discurso Escatológico
El Contexto: Capítulos 24-25
Los capítulos 24-25 constituyen el Discurso Escatológico (fin de los tiempos) de Jesús. El lugar es el templo, y el tiempo es la Semana Santa, entre el domingo de ramos y el jueves santo.
Las autoridades religiosas ya se sentían incómodas con Jesús antes de su entrada triunfal el domingo de ramos (21:1-11), pero la aclamación que recibió ese día y la subsecuente purificación que hizo del templo solamente logró que su antagonismo se endureciera. Hicieron varios intentos de hacer caer a Jesús con preguntas difíciles (21:23; 22:15; 22:23-28; 22:34-36), pero no tuvieron éxito. El capítulo 23 es la denuncia que Jesús hace de los escribas y fariseos y su lamento sobre Jerusalén.
El discurso de Jesús incluye varias parábolas que enfatizan estar preparados para el regreso del señor:
- El siervo infiel y el siervo fiel (24:45-51)
- Las vírgenes prudentes y las insensatas (25:1-13)
- Los talentos (25:14-30), el pasaje de hoy
El Discurso Escatológico concluye con el Juicio de las Naciones (25:31-46), que describe el Día del Juicio y el énfasis de Jesús en un tipo de ministerio a “uno de estos pequeñitos.”
El Juicio es central a todas ellas. La inesperada naturaleza del regreso del señor es importante para las tres parábolas.
Versículos 14-30: La Parábola de los Talentos
Dado el tiempo del año – el de las campañas financieras – el predicador estará tentado a convertir esta parábola en un sermón de mayordomía que enfatizará usar nuestros dones (dinero, tiempo, y talento) para el servicio de Dios. El verdadero énfasis de esta parábola, sin embargo, no es la mayordomía del dinero sino del evangelio.
Hoy día, cuando escuchamos la palabra talento, tendemos a pensar en una habilidad especial como el talento musical. Ese significado viene a través de esta parábola y se deriva de ella. Sin embargo, durante el tiempo de Jesús, un talento era una medida de peso, y después de dinero. No tenía nada que ver con las habilidades.
Esta parábola es similar a la de Las Diez Minas de Lucas 19:11-27, pero hay diferencias importantes. En Lucas, cada siervo recibe diez minas, y cada mina pesaba aproximadamente diez ciclos (Lockyer, 1097), así que el total que se le dio a cada siervo fue de 500 ciclos; una cantidad mucho menor que los 1 a 5 talentos (3,000 a 15,000 ciclos) de la parábola de Mateo. “La narración en Lucas nos enseña que los siervos de Dios tienen una tarea básica, la de vivir la fe; la de Mateo comienza con el hecho de los diferentes dones que hallamos en los siervos de Dios y manifiesta la manera en que ellos usan o no usan esos dones” (Morris, 626). Dadas estas diferencias, es mejor tratar estas parábolas por separado en lugar de tratar de hacerlo con referencias cruzadas.
Versículos 14-15: Enseñar Conforme a su Facultad
14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos (griego = doulos, esclavos o siervos), y les entregó sus bienes. 15Y a éste dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad (griego = dunamis, poder, fuerza, habilidad); y luego se partió lejos.
La palabra griega doulos, se puede traducir como esclavo o siervo, y puede reflejar ya sea un servicio involuntario (esclavo) o voluntario (siervo). Los escritores del Nuevo Testamento usan doulos para referirse a su propio servicio a Cristo (Ro. 1:1; Gá. 1:10; Fil. 1:1; 2 Tim. 2:24; Tit. 1:1; Santiago 1:1; 2 P. 1:1). Éste claramente es un servicio voluntario, no de esclavo. Debido a que la palabra esclavo inflama pasiones y tiene la posibilidad de distraer a los lectores del mensaje central de esta parábola, en esta exégesis voy a usar la palabra siervo, y recomendaría su uso en el sermón. Sin embargo, recomiendo leer el pasaje tal como está escrito, porque meterse con la traducción también puede encender pasiones a menos que se explique cuidadosamente.
Un hombre se va de viaje. Tengan en mente:
- que Jesús ahora se está preparando para morir, para irse. La narración de la pasión comienza en el siguiente capítulo con el complot para matar a Jesús (26:1-5) y su ungimiento en Betania (26:6-13).
- que esta parábola está inmersa en el Discurso Escatológico de Jesús, en que está alertando a prepararse para su regreso.
- que Mateo está escribiendo su Evangelio en la última parte del primer siglo cuando la iglesia está batallando con el asunto de la tardanza de la Parousía (regreso) de Jesús. Esta parábola le recuerda a la iglesia de Mateo (y a nosotros) que a ellos (nosotros) se les ha confiado con el gran tesoro del Evangelio de Cristo Jesús, y se les hará responsables al regreso de Jesús de su (nuestra) mayordomía de este Evangelio.
El señor llama a sus siervos, y les confía sus bienes: cinco talentos al primero, dos talentos al segundo, y un talento al tercero “a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos.”
Debemos notar cómo se acerca a sus siervos. Podría haberle dicho exactamente a cada siervo cómo usar su dinero, pero no lo hace. En su lugar, exhibe gran confianza al dejarlos en libertad para que aprovechen las oportunidades tal como éstas se vayan presentando. Todavía más, trata a cada uno de ellos como individuos, otorgándoles recursos conforme a sus habilidades. El señor no abruma al siervo con un talento colocando responsabilidades que estuvieran más allá de su habilidad. Finalmente, se va. Como cualquier supervisor o padre lo sabe, irse es el paso más difícil, y es uno que demuestra la confianza más grande.
Los estudiosos estiman el valor de un talento de diferentes maneras. Un talento era, primero, una medida de peso, “la medida de peso mayor en el sistema hebreo. El talento era usado para pesar oro (2 S. 12:30), plata (1 R. 20:39), acero (1 Cr. 29:7), bronce (Ex. 38: 29) y muchas otras mercancías. El talento común pesaba cerca de 3,000 ciclos o todo el peso que un hombre pudiera cargar (2 R. 5:23)” (Lockyer, 1096).
Con el tiempo, un talento significó una cierta cantidad de dinero, probablemente 6,000 denarios. En la parábola de los labradores de la viña, nos damos cuenta de que un denario era el salario de un día para un trabajador (20:2). Por lo tanto, seis mil denarios representaban de 15 a 20 años de salario para una persona normal. El valor preciso del talento es menos importante, lo que en realidad es importante es que es una gran suma de dinero, “un montón” para decirlo así. Incluso el siervo al que se le da un solo talento recibe un tesoro bastante sustancial.
Noten que en los dos párrafos de arriba nos referimos a dos diferentes monedas: ciclos y denarios. El ciclo era usado desde el tiempo de Abraham (Gn. 23:16). El denario era la moneda romana usada en tiempos de Jesús. Preferiría usar una sola para explicar esta parábola, pero me vi en la necesidad de usar ambas aquí.
Versículos 16-18: Pero el que Recibió Uno…
16Y el que había recibido cinco talentos se fue (griego = eutheos, inmediatamente), y granjeó (griego = ekerdesen, ganó, obtuvo) con ellos, e hizo otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos. 18Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
El siervo que recibió cinco talentos fue a trabajar inmediatamente. Aquí encontramos un sentido de entusiasmo. Nadie tiene que encender un fuego debajo de este siervo – está emocionado porque se le confía con un gran tesoro, con hacer algo positivo, con probarse a sí mismo. Puso sus cinco talentos a trabajar, y gana cinco talentos más.
En el griego, la palabra eutheos, “al momento” o “inmediatamente”, o es la última palabra del versículo 15, o es la primera del 16. Si la contamos como parte del versículo 15, significa que el señor se fue inmediatamente. Si la ponemos en el inicio del versículo 16, significa que el siervo que recibió los cinco talentos salió inmediatamente para poner su dinero a trabajar. Mientras que se puede poner la palabra en ambas posiciones, incluir eutheos en el versículo 16 está más de acuerdo con el contexto. Al ser la primera palabra de una oración, lleva un peso especial porque enfatiza algo.
La palabra griega ekerdesen, de kerdaino (ganar, obtener), se usa antes en este Evangelio para hablar de volver a ganar a un cristiano infiel (18:15). Es apropiado pensar que en esta parábola se enfatiza la proclamación del evangelio para ganar personas para Cristo, o para volver a ganar a un discípulo errante. Jesús nos dice que no hacer esto – esconder la lámpara debajo de un almud– es algo que no tiene sentido absolutamente (5:15). Esta parábola nos dice que es peligroso.
El siervo que recibió dos talentos hace lo mismo que el siervo de los cinco talentos: responde con entusiasmo, usa su iniciativa, sale inmediatamente, trabaja, y hace (gana) dos talentos más. Al igual que el primer siervo, este gana 100 por ciento.
El siervo que recibió un talento, sin embargo, cava un hoyo y entierra el dinero del señor, que es una manera aceptable de proteger el dinero. De acuerdo con la ley rabínica, la persona que entierra el dinero en un lugar secreto no puede ser responsable por su pérdida. Es una manera conservadora, pero segura de invertir el dinero. Excepto que no tiene perspectivas de crecimiento. Note el contraste entre los verbos que se usan para los siervos con cinco y dos talentos, con los que se usan para el siervo con un talento:
- los siervos con cinco y dos talentos se “fueron inmediatamente”, mientras que el siervo con un talento solamente “se fue”.
- los siervos con cinco y dos talentos “negociaron” o “trabajaron” con el dinero que se les había confiado, mientras que el siervo con un talento “cavó un hoyo en la tierra”.
- los siervos con cinco y dos talentos “ganaron” talentos adicionales, pero el que tenía uno “escondió” el dinero de su señor.
El verbo usado para los siervos con cinco y dos talentos es progresivo, mientras que los verbos para el que tenía uno son regresivos. Esta diferencia verbal refleja las opiniones contrastantes del señor. La confianza de su señor energiza a los siervos con cinco y dos talentos, que se dan cuenta de que su señor les ha dado la oportunidad de hacer algo de sí mismos – ganarse un ascenso – para complacer a su señor. Su confianza en el señor, a su vez refleja la confianza que el señor les ha dado. Como lo veremos en los versículos 24-25, el siervo con un talento tiene una perspectiva diferente del señor.
“El más intrigante comentario sobe este texto es el que ve el lado crítico de Jesús (o de Mateo) echando una mirada a la comunidad de Qumram que se fueron a la soledad del desierto, hicieron cuevas para su comunidad, y se escondieron, junto con sus dones, del mundo… Tal vez también puede tenerse en cuenta al fariseísmo porque: ‘se fue” puede indicar el separatismo del fariseísmo; ‘cavaron un hoyo’, indicaría su preocupación con vivir vidas seguras; y que se ‘escondieron’ señalaría a su puritano deseo de tratar de evitar contaminarse con los pecadores” (Bruner, 905).
Decir que para Jesús los que se dedican a la contemplación no tienen utilidad va demasiado lejos – Jesús claramente llama a algunas personas a un ministerio de oración y meditación – pero esta parábola celebra un ministerio activo, progresista, que toma riesgos, que está involucrado en el mundo, y que está con los zapatos sobre el camino.
Mientras que algunas personas hacen dinero despiadadamente, Jesús claramente no podría endosar ese tipo de empresa. La gente también gana dinero proveyendo servicios y productos de calidad, satisfaciendo genuinas necesidades humanas. Esta es seguramente el tipo de ganancia que esta parábola celebra.
Versículos 19-23: Después de Mucho Tiempo
19Y después de mucho tiempo, vino el señor (griego = kyrios, Señor) de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos. 20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. 21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos. 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
“Y después de mucho tiempo…” Mateo es muy consciente del retraso del regreso de Jesús, y este versículo seguramente alude a ese retraso. Ha sido mucho tiempo y, por supuesto, será mucho más. Sin embargo, en esta parábola, el señor regresa, y al hacerlo pide cuentas. Esta parábola mantiene la promesa de que Jesús no se retrasará para siempre, sino que regresará para recompensar a los fieles. También hay, por supuesto, la correspondiente advertencia en esta parábola: Jesús castigará a los infieles.
La palabra que se traduce como “señor” en estos versículos es kyrios = Señor; “un título que en el contexto del Evangelio adquiere un significado cristológico cuando se le aplica a Jesús” (Senior, 278). El Señor-Amo recompensa a los siervos con cinco y dos talentos de tres diferentes maneras:
- Primero, los declara “buenos y fieles”. Mientras que esto puede parecer algo insignificante, podemos creer que probablemente por el resto de sus vidas estos siervos recordarán estas palabras con cariño. Muy pocas cosas se sienten tan bien como las alabanzas que brindan personas altamente respetadas y que han sido honestamente ganadas.
- Segundo, les da mayores responsabilidades, algo así como un ascenso. Nosotros podríamos preferir que les permitiera retirarse, pero en vez de eso aumenta su carga de trabajo. El servicio, y no el retiro, es la meta del discipulado cristiano. Mientras que un pastor se puede retirar de atender a una congregación cotidianamente, ningún cristiano se retira de preocupar y ocuparse de los otros. Este ministerio de amor no necesita ser una carga, sino que tiene el potencial de para ser un gran gozo.
- Tercero, les dice “Entra en el gozo de tu señor” (vv. 21, 23). “Esto probablemente nos lleva más allá del contexto de la parábola… a la expectativa cristiana con respecto al banquete de victoria del Mesías” (Hare, 287).
El señor recompensa a estos dos siervos de igual manera, aunque uno ha ganado cinco talentos y el otro solamente dos. Las palabras que les dirige el señor a ambos siervos son exactamente las mismas (vv. 21, 23). Ambos siervos duplicaron su dinero, y en ese sentido están parejos. Sin embargo, este señor claramente no es alguien que cuenta los frijoles, y podemos estar seguros que será justo – incluso generoso – con cualquiera que dé lo mejor de sí, incluso si uno llega a obtener una gran ganancia.
Marcos 7:1-8, 14-15, 21-23: Tradición Humana vs. Mandato Divino
Versículos 1-23: Un Repaso
Esta historia se encuentra en un paréntesis entre historias del poder de Jesús para obrar milagros y la reacción de la gente al ver estas obras.
- Es precedida por el alimentar de los cinco mil (6:30-44), Jesús caminando sobre el agua (6:45-52), y el sanar de los enfermos en Genesaret (6:53-56). El versículo que termina capítulo 6 dice, “Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos” (6:56).
- Es seguido por el sanar de la hija de la mujer sirofenicia.
Los fariseos en la lección de hoy ignoran las fuertes pruebas del poder de Jesús para hacer bien, en vez, se fijan en el fallo de sus discípulos al no observar sus tradiciones. Ignoran el verdadero poder de Dios y se fijan en preocupaciones triviales. De la misma manera la iglesia hoy es tentada a ignorar su ministerio fundamental – palabra y sacramento – y en vez se enfoca en las nuevas modas de ministerio – o aún hasta en el color de la alfombra.
Debemos tener cuidado de no presentar a los fariseos como completamente malos. Los fariseos se dedican a obedecer y complacer a Dios. Observan prácticas distintivas, como la de los alimentos autorizados por la ley judía y la circuncisión. Estas prácticas les ayudan a mantener su identidad como pueblo de Dios en un mundo que les tienta a alabar los dioses de sus vecinos. Sus tradiciones, que entran en duda en este texto, vienen de la necesidad de mantener esa identidad.
La ley judía, aunque bastante detallada, deja espacio para interpretación. Los fariseos, por su deseo de obedecer a Dios, establecieron reglas para clarificar la ley en esas situaciones. Sus conclusiones llegaron a ser conocidas como la tradición de los ancianos. Al pasar el tiempo, estas tradiciones se endurecieron hasta llegar a ser una ley subroga que líderes judíos consideraban igual a la escritura. Perdieron de vista la raya entre la ley de Dios y sus opiniones, y ése fue su pecado.
La iglesia siempre lucha por conocer la voluntad de Dios. ¿Cuál es la voluntad de Dios sobre el aborto? ¿La homosexualidad? ¿El SIDA? ¿Un tanto de otros temas? Hombres y mujeres de fe se encuentran en oposición con otros hombres y mujeres de fe acerca de tales asuntos. ¿Cómo determinamos la voluntad de Dios en tales asuntos? Mientras contemplamos esa pregunta, quizá podemos apreciar a los fariseos y los problemas que ellos trataban de resolver.
“La tendencia que Jesús critica en los fariseos y escríbanos aparece en gran mayoría de los grupos religiosos. Gente se aferra a tradiciones meramente humanas como si hubieran sido divinamente reveladas” (Williamson, 133). Y por lo tanto nos preguntamos: ¿Dónde, por cierto, se encuentra un texto para tal sermón? No tenemos derecho de criticar a los fariseos por amar sus tradiciones cuando nosotros nos aferramos a las nuestras.
Además, si presentamos a los fariseos como malos hasta el fondo, desechamos la historia. La historia tiene vida solo mientras Jesús se confronte con oponentes dignos de serlo, como los fariseos. No importa que se encuentren desviados, son gente profundamente religiosa que trata de cumplir la voluntad de Dios.
Versículos 1-5: Comer con Manos Comunes
1Y se juntaron a él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; 2Los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas, los condenaban. 3(Porque los Fariseos y todos los judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.) 5Y le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan (griego: peripatousin – caminan) conforme a la tradición de los ancianos (griego: ten paradosin ton presbyteron), sino que comen pan con manos comunes?
“Y se juntaron a él los Fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén” (v. 1). Marcos parece distinguir entre fariseos locales y escribas procedentes de Jerusalén. Según la naturaleza de su reto hacia Jesús, es posible que los escribas de Jerusalén también sean fariseos, “Los fariseos locales ya están establecidos en la narrativa como el foco de oposición a Jesús en Galilea (2:16, 24, 3:6)” (France, 280).
A la palabra “Jerusalén” le acompaña una cualidad funesta, porque en Jerusalén está el núcleo de la oposición a Jesús, y le matarán en Jerusalén. Marcos ya nos ha dicho que los escribas han determinado que Jesús está endemoniado (3:22), y los fariseos han empezado a conspirar para matarle (3:6). Parece extraño que estos oriundos de Jerusalén se encuentren en Galilea. Jerusalén atrae peregrinos desde muy lejos, no de la otra manera. Parece probable que estos hombres han venido a Galilea con el propósito de destruir a Jesús (3:6, 22).
“Los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, no lavadas” (v. 2). Levítico 11-15 describe en detalle cómo es que Israel ha de tratar los varios asuntos de limpieza ritual, incluyendo la comida (11:1-23; véase también Deuteronomio 14:3-21) – animales (11:24-47) – la purificación de la mujer después del parto (capítulo 12) – la lepra (capítulos 13-14), y flujos corporales. Ésta es la ley del Tora, bajada por la mano de Dios, por eso no podemos criticar a los fariseos y escribas por tomarlo en serio.
Sin embargo, al criticar a los discípulos de Jesús porque comen con manos sucias, los fariseos y escribas van más allá de los requisitos de la ley. Intentan hacer cumplir interpretaciones humanas de la ley pasadas por medio de rabíes a través de los siglos.
Éxodo 30:18-21 y 40:31 requieren la limpieza de manos, pero solo para sacerdotes (“Aarón y sus hijos”) – y solo cuando entran en la tienda de campaña para presentaciones o se acercan al altar – es decir, cuando atienden a sus obligaciones sagradas en un espacio sagrado. Los fariseos gradualmente adoptaron esta práctica de limpieza ritual como manera de demostrar su devoción a Dios – y como un “marcador que limita,” una manera de proclamar que la identidad judía es distinta de la de sus vecinos paganos (Hooker, 441).
Limpieza ritual no tiene nada que ver con higiene – Pasteur no descubría gérmenes hasta el siglo 17, y aún entonces le costaría trabajo convencer a los cirujanos que se lavaran las manos antes de hacer una cirugía. Gente del primer siglo no tenía conocimiento de higiene. La tradición farisea de lavarse las manos incluye echar solo un poco de agua sobre las manos para eliminar manchas rituales, como las manchas retenidas al tocar un objeto o persona impura (por ejemplo, un derrame corporal como saliva o semen, un cadáver, un leproso, una mujer en menstruación, o un gentil). Mientras que en estas circunstancias la mayoría de nosotros nos lavaríamos las manos por motivos higiénicos, esta manera ritual de lavarse las manos no les ofrece ningún beneficio higiénico.
Al escribirse este Evangelio (seguramente entre 65 y 70 d.C.), cristianos ya habían empezado a alejarse de la observación de ley judía. Historias como ésta ayudan a proveer un razonamiento para que la iglesia se distancie de la ley judía. También instruyen a cristianos que, de otra manera, se acercarían demasiado a la ley y las tradiciones judías.
“Porque los Fariseos y todos los judíos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen” (v. 3a). En versículos 3-4, Marcos explica la tradición farisea a lectores gentiles que, de otra manera, no la entenderían. “Todos los judíos” es una hipérbole. Solo algunos judíos siguen estas reglas tan estrictas.
“teniendo la tradición de los ancianos” (v. 3b). “En contraste con los saduceos para quienes la ley escrita del Tora tenía la única autoridad… En los días de Jesús, adhesión a la ley oral era tan importante para los fariseos como lo era la adhesión al Tora mismo” (Edwards, 208). Antes de su experiencia en el camino hacia Damasco, Pablo (un fariseo) estaba particularmente entusiasmado en cuanto observar y hacer cumplir las tradiciones de los ancianos (Gálatas 1:14). La “tradición de los ancianos” era, en aquel entonces, una tradición oral. Ya para el siglo tercero sería codificado como la Mishnah.
“Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay, que tomaron para guardar, como el lavado de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal” (v. 4). Esto concuerda con el énfasis en la pureza ritual de alimentos. Si la comida ha de estar limpia (ritualmente limpia según la ley del Tora), los recipientes en los que se cocina o sirve también han de estar limpios. Levítico 11 manda lavar ropa u otros objetos que han tenido contacto con animales (Levítico 11:28-38), diciendo, “Y toda vasija de barro dentro de la cual cae alguno de ellos, todo lo que esta en ella será inmundo, y quebraréis la vasija: Toda vianda que se come, sobre la cual venga el agua de tales vasijas, será inmunda: y toda bebida que se bebe, será en todas esas vasijas inmunda: Y todo aquello sobre que cae algo del cuerpo muerto de ellos, será inmundo: el horno u hornillos se derribarán; son inmundos, y por inmundos los tendréis” (Levítico 11:33-35). Vemos este tipo de énfasis en vasos y jarros reflejado en cocinas de hoy que siguen la ley judía. En estas cocinas se preparan platos de “carne” y platos de “leche” para evitar mezclar la carne con la leche. Hacen esto para honrar el mandamiento de Éxodo 23:19, “No guisarás el cabrito con la leche de su madre.”
Debemos reconocer, entonces, que gente judía tiene motivos para preocuparse por el rito de limpieza de alimentos y los recipientes en que se preparan o sirven. Ley del Tora requiere que se preocupen por ello. Al observar la ley, intentan llevar a cabo la ley de Dios según la escritura, una preocupación que ha de ser respetada.
La disputa que Jesús tiene con estos fariseos y escribas no tiene que ver con la observación de la ley del Tora, sino con tradiciones creadas alrededor de la ley. Estas tradiciones eran un intento por parte de rabíes para recetar como debe ser aplicada la ley en situaciones específicas. Eso, también, era honorable – un intento honesto para determinar lo que gente debe hacer para complacer a Dios. El problema surgió cuando gente comenzó a igualar sus tradiciones con la ley misma – considerando sus interpretaciones igual de importantes que la ley.
“¿Por qué tus discípulos no andan (peripatousin – caminan) conforme a la tradición de los ancianos (presbyteron), sino que comen pan con manos comunes?” (v. 5). Jesús les ha dado a sus opositores plena oportunidad para criticarle directamente. Ha sanado en el Sábado (1:21-34; 3:1-
