Planificación del sueño y hábitos de higiene en centros infantiles: espacios, rutinas y control de esfínteres
Planificación del sueño en el centro infantil
Los profesionales de los centros infantiles tienen una función importante respecto a la satisfacción de esta necesidad: planificarla y llevarla a cabo forma parte de sus responsabilidades.
Planificación del espacio y los recursos
El espacio
El espacio debe ser fácilmente identificable por los niños. Si conocen el entorno y este es agradable y adecuado, se sentirán cómodos y seguros y se dejarán llevar por el sueño.
- Lactantes: disponer de un dormitorio con cunas, separado del aula pero no muy alejado, de manera que unos puedan dormir cuando lo necesiten y otros puedan estar despiertos. El espacio debe estar acondicionado para que los ruidos externos no molesten, pero al mismo tiempo debe permitir percibir los sonidos que indiquen necesidades de los niños que duermen.
- Niños mayores: habilitar en las aulas un espacio tranquilo y protegido con colchonetas o tumbonas. Conviene más habilitar el aula cuando llega la hora de dormir que compartir un dormitorio colectivo.
Los soportes para dormir
Tanto si es una cuna como si es un colchón o una tumbona, el soporte debe ser individual, de rigidez media (ni demasiado rígido ni demasiado blando, para que el niño no se hunda) y de material transpirable, preferiblemente de una composición lo más natural posible.
Es recomendable que dispongan de algo para taparse, como una sábana o una manta, preferentemente sin lazos ni cintas que puedan estorbar. Muchas escuelas infantiles piden a las familias que lleven la sábana para que al niño le resulte más familiar. Se recomienda que la cabeza esté orientada al norte, siguiendo la alineación del eje energético de la Tierra.
Objetos para favorecer el sueño
Conviene que el niño tenga objetos con los que suele dormir, que le evoquen olores, texturas y sensaciones familiares y que le ayuden a integrarse en un ambiente nuevo. Los objetos que se usan para dormir deben ser exclusivos para el sueño, lo que favorece la asociación: cuando se les da un determinado objeto, saben que es hora de dormir.
Condiciones ambientales para favorecer el sueño
Estos estímulos son determinantes:
- Luz-oscuridad: los recién nacidos solo tardan unas semanas en diferenciar entre vigilia y sueño. En las siestas diurnas no es necesaria una oscuridad total, pero sí cierta penumbra; habrá personas que reduzcan la luz del espacio. Por la noche debe existir oscuridad para ayudar a los niños a reconocer la diferencia entre día y noche, y entre vigilia y sueño.
- Ruido-silencio: durante el día hay ruidos; durante la noche disminuye la actividad. De esta manera los niños también establecen las diferencias entre día y noche. Durante la siesta, el ruido cotidiano de fondo no es un problema, pero hay que evitar ruidos fuertes que puedan alterar el sueño. Si se perciben muchos ruidos, puede ser conveniente aplicar medidas para amortiguarlos (puertas, aislantes acústicos, etc.). No hablamos en voz alta cerca del aula donde duermen, no dejamos móviles u otros aparatos que puedan hacer ruido en la sala y evitamos que las actividades de otros niños despierten a los que duermen.
- Ventilación: los lugares en los que duermen los niños deben poder ventilarse periódicamente, sea cual sea la época del año.
- Temperatura: si hace demasiado frío o demasiado calor, los niños no podrán dormir o dormirán mal. Será necesario disponer de equipos para refrescar o calentar la habitación cuando sea necesario.
- Higiene: los espacios, las camas, las sábanas y los objetos de transición deben cumplir con todos los requisitos higiénicos. Los niños más pequeños son más sensibles que los adultos ante algunos microorganismos.
Planificación de los momentos
El horario
Hay que prever la frecuencia y la duración del sueño que necesita cada grupo, en función de la edad, aunque dentro de cada grupo habrá cierta variedad. El sueño está condicionado por los horarios del centro, especialmente por las comidas y por lo que comen. Planificaremos el día teniendo en cuenta la correcta atención de estas dos necesidades básicas y vigilaremos la dieta y la cantidad de comida para evitar que puedan dificultar el sueño.
Rutinas o rituales para favorecer el sueño
Es importante establecer rutinas o rituales en relación con el momento de ir a dormir para que cada día ocurra lo mismo: la repetición da seguridad a los niños. Por ejemplo: bajar persianas, recoger los juguetes, preparar los colchones, etc. Todo ello predispone al sueño. Las rutinas higiénicas deben programarse para antes de ir a dormir y al despertarse; ayudan a identificar los momentos y a crear hábitos que se mantendrán cuando el niño crezca. Si les enseñamos a hacer cada día exactamente lo mismo antes de dormir y al levantarse, poco a poco lo harán sin ayuda.
Planificar estrategias
Será necesario establecer estrategias para favorecer el sueño y la adquisición del hábito. Algunas de estas estrategias son:
- Enseñar a los niños a identificar cuándo y por qué están cansados y a comprender y aceptar por qué tienen que dormir. Deben entender que no todos los niños duermen a la misma hora ni la misma cantidad de tiempo; cada uno debe aprender a reconocer su propio ritmo de sueño.
- Enseñarles a hacer solos las actividades propias de su edad para que acepten ir a dormir sin compañía.
- Ayudarles a relajarse y a no estar pendientes de los ruidos externos. Podemos usar estrategias como contar un cuento o escuchar una canción. La estabilidad ambiental, las rutinas y la coherencia en las respuestas ayudan a crear un clima que favorezca la relajación.
- Algunos niños tienen miedo a la oscuridad. En ese caso, debemos ayudarles a vencer el miedo y, si es necesario, podemos dejar una pequeña luz indirecta mientras lo superan.
- El despertar requiere acompañamiento. Ayudaremos a los niños a situarse en la realidad y a recuperar el dominio sobre sí mismos y sobre su actividad. El acompañamiento, un ambiente adecuado y actividades apropiadas harán que sea un momento agradable.
La ejecución de la actividad
Los educadores deberán ajustar su actuación a las características de cada niño y establecer patrones de actividad y descanso que les hagan sentirse seguros, a gusto y relajados. Por eso, guiar, acompañar, velar por los niños y programar los horarios son funciones que favorecen la transición entre la actividad y el sueño, y viceversa.
Antes de ir a dormir
Rutinas que suele seguir el niño antes de ir a dormir:
- Realizar las actividades de higiene previas: hacer pis, lavarse las manos y secarse. Es necesario que se hagan de forma ordenada y tranquila.
- Coger los objetos que cada uno necesita para dormir.
- Descalzarse y dejar los zapatos en su lugar.
- Estirarse en la tumbona o en el colchón. Cada niño debe saber qué lugar le corresponde.
La educadora debe crear un ambiente que favorezca el sueño. Para ello debe:
- Poner música relajante o cantar una canción de cuna.
- Bajar las persianas o atenuar la luz para dejar el dormitorio en penumbra.
- Ofrecer al niño que lo necesite un objeto de transición y respetar el ritual de cada niño, por ejemplo, si necesita chupete.
- Hablar muy suavemente, casi en susurros, deseándoles un buen sueño y acompañando los gestos con la expresión de silencio.
Hay que hablar con las familias para informarse de las rutinas que siguen en casa, saber si le cuesta o no dormir, si necesita algún objeto, etc. Si en casa siguen algún ritual especial, se puede acoplar en la escuela, siempre que sea correcto y posible. Es importante que el niño perciba semejanzas entre lo que se hace en la escuela y en la familia.
Durante el sueño
Los ratos en que los niños duermen no son periodo de descanso para el educador. Durante ese tiempo, debe estar pendiente de los niños, satisfacer cualquier necesidad que pueda surgir, comprobar y vigilar su descanso y detectar cualquier situación anómala para comunicar posteriormente a las familias. También puede ser un buen momento para recoger las observaciones realizadas en las diferentes actividades. Se debe evitar hablar o hacer ruidos que puedan despertar a los niños antes de tiempo.
El despertar
Al cabo de una hora aproximadamente, algunos niños se empezarán a despertar espontáneamente y, poco a poco, otros los irán siguiendo. La educadora debe seguir una rutina determinada para favorecer este momento: subir lentamente las persianas, cantar una canción o poner música suave mientras deja que cada uno vuelva al estado de vigilia siguiendo su ritmo. Debemos tratarlos con cariño para que su transición a la vigilia se desarrolle de la manera más natural posible. En cuanto estén despiertos se recogen los objetos de dormir, se calzan los zapatos y vuelven a pasar por el lavabo para orinar otra vez.
Higiene
Definición: La higiene es la parte de la medicina que tiene por objetivo la conservación de la salud y la prevención de enfermedades.
Tipos de higiene
- Higiene personal: limpieza y cuidado del cuerpo.
- Higiene ambiental: limpieza y protección del entorno físico.
Objetivos de la higiene personal
- Prevención de enfermedades y trastornos: la correcta higiene del cuerpo reduce el riesgo de padecer ciertas enfermedades. Ejemplo: prevención de la caries con una correcta higiene bucal.
- Mejora del autoconcepto y de las relaciones sociales: una imagen personal cuidada favorece la autoestima y mejora la percepción que los demás tienen de nosotros.
Las fases en el logro de la autonomía
- Fase pasiva: la persona adulta realiza todas las actividades de higiene en el recién nacido, ya que él todavía no es capaz de atender por sí mismo ninguna de sus necesidades.
- Fase de colaboración: el niño comienza a participar en su higiene. En los primeros periodos, la persona adulta se encarga de la higiene ayudada por el niño; más adelante es el niño quien la realiza y el adulto le ayuda.
- Fase activa: el niño alcanza una independencia progresiva en las tareas de higiene personal, aunque al principio será necesario que las haga bajo una vigilancia prudente y sencilla por parte del adulto.
La higiene de espacios y utensilios
La limpieza en el centro debe comprender todos los ámbitos: juguetes, aula, mobiliario, lavabos, materiales, etc. Las operaciones de limpieza están a cargo del personal del equipo de limpieza del centro, pero algunas acciones por parte de todo el equipo y de los niños son hábitos importantes de fomentar, como recoger materiales usados, tirar la basura en los contenedores adecuados, no ensuciar más de lo necesario y dejar las toallas o la ropa sucia en el lugar asignado.
Las tareas de limpieza deben estar planificadas y realizarse con productos adecuados que no dejen residuos ni olores penetrantes. Hay que llevar a cabo estas tareas fuera del horario escolar y guardar los productos fuera del alcance de los niños.
Es importante que las condiciones ambientales en el centro sean adecuadas: cada zona debe estar a la temperatura correcta, ventilar periódicamente y trabajar con la iluminación necesaria para cada actividad.
La higiene medioambiental
La educación infantil, como primer eslabón hacia la asimilación de valores, es una buena oportunidad para iniciar la educación medioambiental. Por ello, una de las prioridades de la intervención en la educación infantil debe ser la educación medioambiental, básica no solo para el desarrollo de la especie, sino también para la supervivencia humana. La educación medioambiental se desarrolla a través de todas las actividades del centro.
Trastornos del sueño
Principales trastornos y sus características:
- Insomnio: Edad más frecuente: cualquiera. Momento de la noche: al acostarse o durante la noche. Descripción: dificultades para conciliar el sueño y tendencia a despertarse. Actuación de los adultos: revisar rutinas.
- Sonambulismo: aparece a partir de los 3 años. Momento: primera parte de la noche. Descripción: levantarse y andar dormido. Actuación: reconducir al niño a la cama sin despertarlo.
- Pesadillas: frecuentes entre 8 y 12 años. Momento: hacia el final de la noche. Descripción: sueños vividos que provocan un despertar con gritos y miedo. Actuación: no hablar de la pesadilla en el momento; tranquilizar al niño.
- Terrores nocturnos: entre 3 y 12 años. Momento: primera parte de la noche. Descripción: despertar brusco con grito de pánico. Actuación: quedarse con el niño hasta que pase.
- Bruxismo: a partir de los 3 años. Momento: cualquiera. Descripción: rechinar de los dientes. Actuación: en muchos casos no requiere intervención específica en el aula.
- Somniloquia: puede aparecer a cualquier edad. Momento: cualquiera. Descripción: hablar, reír o gritar en sueños. Actuación: generalmente ninguna específica en el aula.
- Jactatio capitis: entre 6 meses y 2-4 años. Momento: al empezar a dormirse. Descripción: mover rítmicamente la cabeza durante el sueño. Actuación: suele resolverse sola hasta los 4 años.
Hitos en la adquisición de los hábitos
Aunque depende del ritmo personal de cada niño, hay una referencia sobre las conquistas que se deben ir logrando en cada etapa. No todos los niños alcanzan estos hitos al mismo tiempo ni en el mismo orden.
De uno a tres años
- Pasa de usar pañales a no usarlos, aunque a veces pueda haber descuidos. Debe saber pedir ayuda o comunicar lo que le ocurre.
- Empieza a valorar el baño y a colaborar en su higiene. Hacia el final de la etapa, se debe comenzar con la higiene bucal.
- Debe entender la necesidad de lavarse las manos o la cara cuando están sucias y empezar a sentirse incómodo cuando está sucio.
- Muestra interés por vestirse y desvestirse, y empieza a participar. Al final de la etapa debe colgar y guardar algunas prendas, darse cuenta si la ropa está sucia y pedir cambiarla.
De tres a seis años
- Adquiere autonomía para ir al baño, mejora el control y la manipulación de la ropa para las evacuaciones y es capaz de limpiarse con cierta corrección. Comienza a usar papel higiénico y a tirar de la cadena cuando es necesario.
- Sabe cómo y cuándo lavarse las manos, la cara y los dientes, y peinarse, aunque a veces haya que recordárselo.
- Empieza a querer bañarse solo y a controlar sus uñas, aunque pida ayuda para cuidarlas.
- Valora su imagen personal y cuida la ropa que lleva puesta.
- Progresa en el control nocturno de la orina, aunque todavía pueda haber descuidos. Aguanta más tiempo la necesidad de orinar durante el día.
- Al final de la etapa debe vestirse y desnudarse solo, aunque puede tener algún percance. Debe saber abrochar botones, hacer nudos y darse cuenta si la ropa está del revés.
A partir de los seis años
- Hacia los 7 años, el control de esfínteres tanto diurno como nocturno debe estar establecido, salvo problemas físicos o psicológicos.
- Hacia los 7 u 8 años ya no necesita control para vestirse y desvestirse; debe ser capaz de ordenar cajones, el armario y participar en el cuidado de la ropa (doblar, planchar prendas sencillas).
- A partir de los 14 años, no necesita control ni ayuda para la higiene y el cuidado de su imagen corporal.
Control de esfínteres
1. Definición: aprendizaje complejo que requiere madurez, ya que implica un control voluntario consciente e inconsciente y también motivación por parte del niño.
2. ¿Qué se pretende conseguir?
- Que el niño conozca el funcionamiento de su cuerpo, identifique sus necesidades y aprenda a satisfacerlas.
- Que comprenda el proceso de evacuación: lugar, momento, higiene, etc.
3. Respecto al control de heces y pipí diurno
- La mayoría de los niños consiguen este control entre los 2 y 3 años.
- Es necesario acordar el momento con las familias y que exista coordinación entre escuela y hogar.
- Respetar el ritmo de cada niño.
- Intentar poner al niño en el orinal a las mismas horas.
- Estar pendientes de señales que indiquen que el niño quiere ir al baño.
- Vestir al niño con ropa cómoda para facilitar su autonomía.
- No regañar si el niño se hace las necesidades encima y felicitarlo cuando usa el orinal.
4. Respecto al control del pipí nocturno
- Evitar darles líquidos antes de dormir.
- Acostumbrarles a que antes de dormir tienen que hacer pis.
5. Recursos que faciliten el control de esfínteres
- Materiales visuales: libros.
- Materiales audiovisuales: vídeos.
- Orinales divertidos y originales que inciten al niño a sentarse.
6. Pautas como educadora para trabajar en la escuela infantil
Para trabajar el control de esfínteres en la escuela infantil podemos dividir el proceso en tres fases:
Primera fase: observación y contacto con los orinales o W.C.
En esta fase la educadora sentará a los niños que lo deseen y que no muestren rechazo al orinal, convirtiendo el momento en algo lúdico donde los niños compartan su experiencia con los compañeros. Se les sentará en momentos puntuales y se observará si hacen pis o caca en el orinal. Una vez que la educadora vea que el niño está habituado al orinal, se pasará a la segunda fase.
Segunda fase: contacto con la familia
Se procederá a hablar con la familia para acordar si están de acuerdo en empezar a sentar al niño en el orinal de forma más habitual. Si lo están, se les proporcionará información sobre cómo hacerlo para que la coordinación entre la escuela y la casa sea lo más coherente posible. En esta fase se pueden utilizar las bragas pañal para que el niño aprenda a subirlas y bajarlas como si fueran braguitas o calzoncillos. Se mantendrá un contacto diario para ver la evolución. Una vez que el niño controle bien tanto en casa como en la escuela, se pasará a la tercera y última fase.
Tercera fase: retirada del pañal
Cuando llegue este momento, las familias deberán llevar a la escuela ropa de cambio suficiente, incluyendo calzoncillos o braguitas. La educadora seguirá atenta al niño y lo sentará como hasta entonces. Es importante que si el niño tiene algún escape, la educadora se muestre comprensiva para evitar que el niño se sienta mal.
