El Significado Bíblico de la Transfiguración, el Servicio y las Ofrendas
Biblia: Marcos 12:33-34
33 Y el aamarle con todo el corazón, y con todo el entendimiento, y con toda el alma y con todas las fuerzas, y el amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los bholocaustos y sacrificios.
33 a amarle: Mateo 22:35–40.
35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó para tentarle, diciendo:
36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?
37 Y Jesús le dijo: aAmarás al Señor tu Dios con todo tu bcorazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.
38 Éste es el primero y grande mandamiento.
39 Y el segundo es semejante a éste: aAmarás a tu prójimo como a ti mismo.
40 aDe estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.
33 b holocaustos: GEE Ofrenda; Servicio.
GEE Ofrenda
Véase también Ayunar, ayuno; Bienestar; Diezmar, diezmo; Limosna; Sacrificio.
Ofrenda: Una dádiva al Señor. En el Antiguo Testamento, a menudo se usa este vocablo para referirse a los sacrificios u holocaustos. En la actualidad, la Iglesia utiliza las ofrendas de ayuno y otras contribuciones voluntarias (entre ellas, la donación de tiempo, de habilidades y talentos, y de bienes) para ayudar a los pobres y también para otras causas dignas.
Servicio
Véase también Amor; Bienestar.
Servicio: Obras que efectuamos y atenciones que brindamos a favor de Dios y de nuestro prójimo. Al servir a los demás, también servimos a Dios.
Transfiguración
Véase también Jesucristo; Llaves del sacerdocio.
El estado de las personas cuya apariencia y naturaleza cambian temporariamente —o sea, que son elevadas a un nivel espiritual más alto— a fin de que puedan soportar la presencia y la gloria de seres celestiales.
La Transfiguración de Cristo
Pedro, Santiago y Juan vieron al Señor en un estado glorificado y transfigurado. En este acontecimiento, el Salvador, Moisés y Elías el profeta entregaron las llaves prometidas del sacerdocio a Pedro, Santiago y Juan, otorgándoles el poder para llevar adelante la obra del reino en la tierra.
Seres transfigurados
- Vieron al Dios de Israel (Éx. 24:9–11).
- La piel de su rostro resplandecía (Éx. 34:29).
- Fueron envueltos como por fuego (Hel. 5:23, 36, 43–45).
- Fueron abiertos nuestros ojos por el poder del Espíritu (DyC 76:12).
