Fundamentos de la Cristología: Del Mesías Rey al Dogma de la Encarnación
El Mesías Rey: Evolución del Mesianismo Bíblico
El mesianismo bíblico tiene un desarrollo en la historia bastante considerable que se remonta al mesianismo preisraelítico o patriarcal. Durante toda la historia ha habido una evolución en el concepto de Mesías. A partir del siglo X a.C., con la monarquía davídica, el Mesías es presentado como rey, en un periodo en el que realizará promesas divinas, trayendo justicia, paz y salvación a Israel. Al principio era esperado como un verdadero y auténtico soberano, como un perfecto rey, y más tarde como un rey escatológico que debía instaurar el Reino de Dios cuando llegase el final de los tiempos.
Como se ha mencionado, inicialmente se referían al Mesías como rey, ya que lo veían consagrado por el Señor para realizar la alianza y transmitir las bendiciones divinas; pero luego ese término de rey es simplificado a la figura del futuro Mesías, un Mesías trascendente. En el desarrollo del mesianismo se puede observar la búsqueda de medios más idóneos para representar una realidad futura. Inicialmente, la promesa de un Mesías enviado por Dios para salvar a su pueblo se expresa con categorías reales, como lo anunciaba el profeta Natán en el segundo libro de Samuel, donde Dios le promete al rey David un reino duradero en el cual estará al frente un descendiente suyo.
El Mesianismo en los Salmos y los Profetas
En los Salmos también podemos ver cómo se espera un Mesías rey, como en el Salmo 2, 7s, donde se habla del rey que con la unción es proclamado hijo adoptivo de Dios, subrayando la estrecha unión entre Dios y su lugarteniente. O en el Salmo 110, 1-3: “Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies…”
Los profetas también realizan una profunda reflexión sobre el Mesías rey:
- Isaías: En sus profecías muestra al Mesías rey como un personaje trascendente, prometido para el futuro. En la profecía del Emmanuel se anuncia el repudio de la casa de David y, a su vez, la promesa del nacimiento de un niño con el que estará Dios. Este texto está abierto a interpretaciones de carácter mesiánico, ya que primeramente sonaba como una promesa de un nuevo rey, pero durante el destierro era interpretado como un rey sin poder, portador de paz.
- Jeremías: Muestra un rey mesiánico ideal que aparecerá en los últimos tiempos y portará paz y bienestar.
- Ezequiel: Presenta al Mesías rey como un pastor ideal que cuida a las ovejas de Israel, representante de Dios y verdadero soberano, mediante el cual Dios elegirá un reino de paz donde se restablecerán los valores religiosos.
- Zacarías: Muestra a un Mesías rey escatológico, que será santo, traerá la salvación y será humilde. Finalmente apunta hacia un mesianismo sin Mesías; es decir, un verdadero salvador, instaurador del reino, siendo Dios mismo quien lo haga.
El Dogma Cristológico: Éfeso y Calcedonia
El siglo V se caracteriza por el enfrentamiento entre dos orientaciones cristológicas opuestas, como son la antioquena y la alejandrina, además de por el intento de conseguir un acuerdo sobre la unión de la realidad humana y divina de Jesucristo. Estos enfrentamientos se radicalizaron hasta llegar a un choque mayor en el que Nestorio, obispo de Constantinopla, y Cirilo, patriarca de Alejandría, se enfrentaron creando una controversia que debía ser resuelta, llegando a un acercamiento en el Concilio de Calcedonia.
La Controversia Nestoriana
Nestorio se caracterizaba por su ortodoxia sobre los puntos fundamentales de la doctrina de la Encarnación, defendiendo la perfecta humanidad y la perfecta divinidad de Jesucristo, siendo estas dos manifestaciones indisolubles. Por eso, y para no caer en falsas afirmaciones sobre la naturaleza de Jesucristo, rechaza ciertos modos de expresarse al referirse a ella; también rechaza que haya nacido de María como Theotokos, porque consideraba que una persona no puede engendrar la divinidad. Estos pensamientos se los explica a Cirilo en una carta, donde también detalla la doble especie de “apropiación”: una natural (cuerpo) y otra voluntaria (sufrimiento). En definitiva, Nestorio era confuso en sus afirmaciones; su doctrina hacía difícil la atribución de las propiedades humanas y divinas a la única persona del Verbo encarnado, lo que levantó duras críticas de Cirilo de Alejandría.
La Respuesta de Cirilo y la Definición de Calcedonia
Estas reflexiones de Nestorio hicieron que Cirilo profundizase y desarrollase su terminología, afirmando la unidad de Cristo y sosteniendo la validez del título que atribuye a María ser la Madre de Dios. Defendía que la unión en Cristo se realizó a partir de dos naturalezas, la humana y la divina, que no se pueden separar y en las que cada una conserva sus cualidades propias.
El Concilio de Éfeso aprobó esta enseñanza, pero sin dar una definición dogmática formal sobre la unión de las dos naturalezas. Fue en el Concilio de Calcedonia donde, después de una larga elaboración, se llegó a una formulación dogmática que terminó estableciendo un acuerdo cristológico en la Iglesia. Esta definición tiene como eje central la profesión de fe “en un solo y único Hijo, nuestro Señor Jesucristo”, en el que están presentes dos naturalezas, la divina y la humana. Esto se enseña primero con formulaciones kerigmáticas que muestran a Cristo como verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Cristo es una hypostasis, un prosopon, en dos naturalezas.
San Anselmo y la Teología de la Redención
La doctrina cristológica de San Anselmo hace referencia a la actividad salvífica de Jesús, teniendo como premisa necesaria una interpretación del misterio de Cristo que está en perfecta continuidad con la doctrina calcedonense. En su obra Cur Deus homo, insinúa que el Salvador es Dios y hombre, porque solo alguien que fuese simultáneamente Dios y hombre estaba en condiciones de salvar a la humanidad del pecado.
Podemos decir que la soteriología anselmiana es la de la redención entendida como una satisfacción vicaria, según la cual Cristo ha salvado a la humanidad expiando el pecado en su lugar. El pecado es una ofensa contra Dios tan grande que hay que repararla, pero esta reparación conlleva “intereses” y la única solución es que sea Dios mismo quien haga esta penitencia, pagándola en la cruz, teniendo como fruto la Resurrección como fin de la salvación. Es por todo esto, por el inmenso amor que Dios tiene a los hombres, que se hizo hombre para salvarnos de la muerte del pecado.
Valoración de la Teoría Anselmiana
Para poder valorar esta teoría debemos considerar sus aspectos positivos y negativos:
- Aspectos negativos: Se centra casi exclusivamente en la pasión y muerte en la cruz, dejando de lado el misterio pascual en su integridad.
- Aspectos positivos: Es fundamental la desmitificación de las teorías patrísticas sobre los “derechos del demonio”, que sostenían que Cristo debía pagar a Satanás para que este renunciase a dominar a la humanidad.
Finalmente, destaca la estrecha relación entre cristología y soteriología, una perspectiva que había sido olvidada durante siglos por la teología y que San Anselmo recupera de una manera magistral.
El Misterio Pascual: La Resurrección de Cristo
El misterio pascual engloba varios acontecimientos de la vida de Jesús, entre los que se encuentran la pasión, la muerte en la cruz, el descenso a los infiernos y, por último, la Resurrección junto con la Ascensión al cielo.
Centrándome en la Resurrección de Jesucristo, comenzaré mencionando el artículo del Credo que dice: “Creo que Jesucristo resucitó de entre los muertos al tercer día”. Este artículo es el eco de las primeras confesiones de fe de la Iglesia y se trata de un testimonio bíblico recurrente en las Escrituras, como en los evangelios de Lucas y Marcos, o en la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios. Hoy día encontramos este artículo del Credo intacto en la solemne Profesión de Fe de Pablo VI.
La Resurrección como Hecho Histórico y de Fe
Proclamar que Jesús resucitó de entre los muertos es afirmar un hecho real; es ratificar la piedra sobre la que se cimienta toda la fe cristiana. San Pablo recordaba el valor de este acontecimiento en su carta a los Corintios, afirmando que si Cristo no había resucitado, vana era su predicación y, por tanto, también su fe.
La Resurrección es un hecho que los discípulos creyeron firmemente y que no se puede rechazar por el mero hecho de estar basado en testimonios. Esta Resurrección no fue mostrada solo a los discípulos, sino “a más de quinientos hermanos a la vez”, como afirma Pablo. Por lo que podemos afirmar que Jesucristo resucitó realmente.
Jesús resucitó al tercer día y los datos que tenemos sobre este suceso son:
- El sepulcro vacío: Un hecho que afirma con fundamentos históricos que Jesús despertó de la muerte física.
- Las apariciones: Relatos numerosos que atestiguan su presencia tras la muerte.
En esta Resurrección, Jesús resucita en cuerpo y alma, y su cuerpo experimenta una transformación: ha sido glorificado y transfigurado.
¿Por qué un Dios Hombre?
Esta pregunta es la misma que se hacía San Anselmo, y la respuesta inicial es: Dios se hizo hombre para salvarnos. Aunque Dios podría haber salvado al hombre de otro modo, para comprender por qué eligió la Encarnación, debemos analizar la relación entre Encarnación-Creación y Encarnación-Salvación.
Encarnación-Creación
Según la Escritura, todo ha sido creado por un motivo, y el hombre tiene su razón de ser en Cristo. De este modo, vemos que todo lo creado tiene de fondo la participación de la perfección divina, basada en la semejanza y en la comunión de vida con Dios. Del mismo modo, Cristo es el modelo para descubrir la divinidad; el hombre, creado a imagen de Cristo, está orientado a tener con Dios una relación que trasciende la de una simple criatura. Por tanto, Dios se encarnó para que toda la creación, y en especial el ser humano, pueda existir orientada plenamente hacia Él.
Encarnación-Salvación
La Revelación presenta que el hombre es librado del pecado e introducido en una intimidad de vida con Dios humanamente inconcebible, y esto es gracias a Cristo, el Verbo encarnado. Dios salva al hombre valorizándolo y considerándolo digno de colaborar en su propia salvación. Es por eso que la redención es un acto de solidaridad del Hijo hecho carne con la humanidad. La salvación es dada por Cristo, quien revela al hombre su dignidad y su vocación. Mediante la Encarnación y la muerte en la cruz, se manifiesta el profundo y definitivo amor que Dios nos tiene.
