Reflexiones Bíblicas sobre el Espíritu, la Gracia y la Alianza Divina
Isaías 11:2 y los Siete Espíritus de Dios
Espíritu de Conocimiento
- Éxodo 35:31
- Salmos 94:10; 119:66; 139:6
- Proverbios 2:6; 3:20; 9:10; 22:12
- Eclesiastés 2:26
- Isaías 11:9; 33:6
- Oseas 4:1; 6:6
- Romanos 11:33
- 1 Corintios 12:8
- 2 Corintios 2:14; 10:5
- Colosenses 1:10
- 2 Pedro 1:2; 3:18
- Colosenses 1:9-11
Espíritu de Temor
- Jeremías 32:40
- Deuteronomio 10:12-13
- 2 Samuel 6:9
- 2 Crónicas 19:7; 19:9
- Salmos 19:9; 34:12; 111:10
- Proverbios 1:29; 2:5; 8:13; 10:27; 14:26-27; 15:33; 16:6; 19:23; 22:4; 23:17
- Isaías 11:3; 33:6
- 2 Corintios 7:1
- Romanos 3:18
- Efesios 5:21
Espíritu de Consejo
- Josué 9:14
- Job 12:13
- Salmos 33:11; 73:24; 106:13; 107:11
- Proverbios 19:21
- Isaías 5:19; 25:1; 28:29
- Jeremías 23:18; 23:22; 32:19
- Hechos 20:28
- Filipenses 2:13
- 2 Corintios 8:10-12
El Libro del Éxodo: Liberación y Alianza
Significado y Temas Principales
Éxodo: es la salida de Egipto, que quiere decir peregrinación o salida. Se cuentan en él los hechos de 145 años, desde la muerte de José hasta la erección del Tabernáculo. Consta de un conjunto de relatos y de normas íntimamente entrelazados que transmiten la historia de los hijos de Israel, desde Egipto hasta su prolongada estancia en el monte Sinaí. En esta etapa ocurrieron los acontecimientos más importantes de la vida de Israel: su esclavitud, el nacimiento de Moisés, los prodigios que Dios obró para sacarlos de la opresión y la institución de la Pascua. Aparecen figuras o tipos de la Nueva Ley y los Sacramentos: por ejemplo, el paso del mar Rojo, que prefigura el bautismo donde se lavan los pecados; el maná, que prefigura la Eucaristía; el monte Sion, que prefigura la Jerusalén militante; el paso del desierto, que representa nuestro tránsito temporal en esta vida para llegar a la eterna.
División del Libro
Esta es, en la Biblia, la gran hazaña de Dios: la salida del país de la esclavitud hacia la tierra prometida. Dios libera a su pueblo «con gran poder, mano fuerte y brazo extendido», abriendo un camino en el mar.
El Éxodo es el corazón del Antiguo Testamento y aquello que le da su significado al presentarnos a un Dios que liberta a los hombres. Este libro ha dado a la religión judía, y luego a la fe cristiana, su primera orientación, que las hizo diferentes de todas las demás. Dios no viene primero para que se lo respete o para indicar caminos espirituales, sino para escoger un pueblo con el cual actuará en el corazón de la historia humana.
“Y lo ha llenado del espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, en la talla de piedras de engaste y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.”
Éxodo 35:31-33
Resumen
El presente proyecto presenta un modelo simplificado de dispositivo capaz de suministrar cantidades determinadas de energía térmica a un volumen específico de fluido, en procura de realizar un modelo que ejemplifique la importancia del procedimiento ya mencionado, que en asocio con otras herramientas de la ciencia provee a los individuos de los medios para hacer más confortable su existencia.
Introducción
Hasta hace algunas décadas, el análisis de los fenómenos físicos se realizaba a la luz de la mecánica clásica, mediante las concepciones newtonianas del…
La Gracia Divina y la Inteligencia Humana
14. Las capacidades de la inteligencia humana
En lo relativo a las artes y las ciencias técnicas, la capacidad de los seres humanos para aprenderlas y ejercerlas demuestra que existe una disposición para hacerlo grabada en su inteligencia. Incluso si la persona no es apta para ejercerlas todas, está bastante claro que la inteligencia humana está dotada con dicha capacidad, puesto que casi todo el mundo tiene interés por ella. No es simplemente cuestión de la capacidad y de la facilidad que uno tiene para aprender; se ve también que cada uno, en su arte, o bien inventa la más de las veces algo nuevo, o bien aumenta y mejora lo que ha aprendido de otros. Por tanto, debemos reconocer que hay alguna noción de todo ello impresa en la inteligencia de los hombres y no, como pensó Platón erróneamente, que se trate de recuerdos de cosas que el alma supiera antes de ser colocada en el cuerpo.
Estos ejemplos nos muestran, por tanto, que existe una facultad general de la inteligencia impresa de manera natural en todos los seres humanos; esta realidad está tan extendida que cada uno, en su inteligencia, debe de reconocerlo para sí mismo como una gracia particular. Hemos de reconocerlo al pensar en las personas limitadas en inteligencia, que nos presentan como en un espejo cuál sería el estado del alma humana si no estuviera iluminada por la luz divina, que es natural en todos y que, al mismo tiempo, es un beneficio de la gracia común de Dios hacia cada persona.
La facultad de descubrir y transmitir el conocimiento en estos ámbitos, que es muy destacable y no concierne más que a unas pocas personas dotadas, no es suficiente para incitarnos a estar seguros de que este ingenio sea natural. Sin embargo, como se encuentra tanto en los buenos como en los malos, podemos considerarla parte de los dones naturales de Dios.
15. Lo que produce la inteligencia procede de las gracias recibidas por medio de la naturaleza humana
Cuando discernimos en los escritores paganos una admirable luz verdadera, nos vemos llamados a reconocer que la naturaleza humana, pese a estar caída de su perfección y muy corrompida, está, no obstante, llena de abundantes dones de Dios. Si admitimos que el Espíritu de Dios es como la fuente única de verdad, no menospreciaremos la verdad dondequiera que aparezca; de lo contrario, estaríamos insultando al Espíritu de Dios. Subestimar los dones del Espíritu llega a ser como despreciar y humillar al Espíritu.
¿Cómo podríamos negar que los antiguos dieran muestras de una esclarecida prudencia al buscar un orden tan bueno y una justicia equitativa? ¿Diremos que los que enseñaron el arte de la retórica, la buena manera de hablar con elocuencia, no tenían ninguna inteligencia? ¿Diremos que los que inventaron la medicina eran necios? ¿Pensaremos que las otras disciplinas son irracionales? Todo lo contrario, no podremos leer los libros escritos sobre estos temas sin maravillarnos. Nos maravillaremos porque no tendremos más remedio que percibir la sabiduría que contienen. ¿Consideraremos que nada puede ser excelente o elogiable si no vemos que viene de Dios? Si ese es el caso, demostraríamos una gran ingratitud que no se encuentra ni en los poetas paganos, quienes reconocieron que la filosofía, las leyes y la medicina, y las otras formas de conocimiento eran dones de Dios.
De modo que estos personajes que, sin más ayuda que la naturaleza, demostraron tanto ingenio en la comprensión de las cosas inferiores que pertenecen al mundo, deben instruirnos por medio de su ejemplo, mostrándonos cuánta gracia ha dejado nuestro Señor en la naturaleza humana después de que fuera despojada del soberano bien.
16. Aunque corrompidas, estas gracias de la naturaleza son dones del Espíritu Santo
No hay que olvidar que todas estas gracias son dones del Espíritu de Dios, distribuidos como a él le parece, para el bien común del género humano. Se sabe que se les confirió, de manera especial, ciencia y arte, por el Espíritu de Dios, a los que construían el tabernáculo en el desierto (Éxodo 31:3; 35:31); tampoco hay que sorprenderse de que afirmemos que las cosas más excelentes de la vida humana nos han sido comunicadas por medio del Espíritu de Dios.
A la objeción: «¿Qué tiene que ver el Espíritu de Dios con los malvados que le son totalmente ajenos?», respondo que ese punto de vista no es satisfactorio. Porque, cuando se dice que el Espíritu Santo habita solamente en los creyentes, nos referimos al Espíritu de Santificación (Romanos 8:9), que nos consagra a Dios para ser sus templos (1 Corintios 3:16). Sin embargo, Dios no deja de llenar, de mover, de vivificar, mediante el poder de ese mismo Espíritu, a todas las criaturas; lo hace conforme a la naturaleza de cada una tal como él se la ha dado en la creación. Si el Señor ha querido que los malvados y los incrédulos nos permitan entender la física, la dialéctica y las otras disciplinas, tenemos que utilizarlas, o seremos juzgados por negligencia por haber menospreciado los dones de Dios donde Él nos los ha ofrecido.
No obstante, nadie debe pensar que el hombre es de veras feliz, incluso reconociéndole un gran poder para reconocer las cosas inferiores contenidas en este mundo corruptible. Esta facultad para entender y la inteligencia que ella supone son, ante Dios, cosas transitorias e inestables, cuando no las sostiene el sólido fundamento de la fe. La frase que nos ha llegado de Agustín es cierta, y Lombardo y los escolásticos han tenido que reconocerlo. Dice que, dado que las gracias concedidas desde el principio al hombre, además de su naturaleza, le fueron quitadas después de sucumbir al pecado, las gracias naturales que ha conservado han sido corrompidas.
No ha sido así porque las gracias procedentes de Dios pudieran ser contaminadas en sí mismas, sino porque dejaron de ser puras en el hombre tras su caída. No hay que alabar al hombre por ellas.
17. La gracia de Dios limita la corrupción natural
En resumen, dentro del género humano se ve que la razón es lo propio de su naturaleza, lo que nos distingue de los animales de la misma manera que ellos son diferentes de los objetos inanimados. Que algunos nazcan limitados y otros intelectualmente discapacitados no debe limitar la gracia general de Dios. Debemos más bien, advertidos al contemplarlos, atribuir lo que hemos recibido a la generosidad de Dios, porque si Él no lo hubiese evitado, la rebelión de Adán habría abolido todo lo que Él nos dio.
Hay algunos que son más intuitivos que otros, o bien tienen un discernimiento superior; otros poseen un espíritu más inventivo o bien un don artístico. Mediante tal diversidad, Dios nos deslumbra con tanta gracia, para que nadie piense que es algo procedente de sí mismo aquello que es pura generosidad del autor de todo bien. ¿De dónde viene que uno sea mejor que otro? ¿No es acaso para manifestar la gracia particular de Dios en la naturaleza humana común? Esa gracia no le debe nada a nadie por el hecho de que no le sea concedida a muchos.
Además, Dios inspira actividades particulares a cada uno según su llamado. Tenemos varios ejemplos en el libro de los Jueces, en el que se escribe que el Espíritu de Dios vino sobre los que Él designó para gobernar al pueblo (Jueces 6:34). En todos los actos extraordinarios, hay una inspiración específica; por eso se dice que los hombres valientes, cuyo corazón Dios había tocado, siguieron a Saúl. Y cuando llega el mensaje de que Dios quiere que reine, Samuel le dice: «el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti… y serás mudado en otro hombre» (1 Samuel 10:6). Eso duró todo el tiempo de su reinado. Así, de David se dice después: «desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David» (1 Samuel 16:13).
En otras partes se explica lo mismo en lo referente a estas acciones especiales. Incluso en Homero se dice que los hombres demuestran razón y sabiduría no solamente según lo que Júpiter ha dado a cada uno, sino según lo que él decide en el día a día. De hecho, la experiencia demuestra que las inteligencias humanas están en la mano de Dios, quien las dirige a cada instante, cuando los que han sido los más hábiles y astutos se quedan mudos de asombro. Eso nos recuerda lo que ya hemos indicado: Dios hace insensatos a los sabios y «les hace andar perdidos, vagabundos y sin camino» (Salmo 107:40).
No dejaremos de notar en esta diversidad de marcas persistentes de la imagen de Dios lo que distingue, de una forma general, al género humano de todas las demás criaturas.
El Tabernáculo: Símbolo de la Presencia Divina
El tabernáculo: la exaltación de la Eucaristía
Queridos amigos lectores:
Uno de los principales puntos que se ratificaron en el Concilio de Trento fue la exaltación del sacramento de la Eucaristía, reconociendo que en él se hallaba el misterio de la Transubstanciación y que, al comulgar bajo las dos especies, el cristiano formaba parte de Cristo tras tomar la misma Sangre y el mismo Cuerpo en el vino y el pan. A raíz de la formulación de este postulado, se produjo un auge del culto a la Eucaristía que no tiene parangón en toda la historia del arte. Ese auge se materializó en la creación de las capillas de la comunión en las iglesias, pero también en determinadas obras de arte, como es el caso de los tabernáculos.
Gracias a la Contrarreforma y al ecuménico Concilio de Trento, la mesa del sacrificio conocerá una gran importancia, lógicamente acorde a su protagonismo como epicentro del culto, y se verá acompañada de todo un lujoso y suntuoso escaparate de platería y textiles; ajuares que, por otra parte, suponían un enriquecimiento de los ritos y, por extensión, un interesante aporte al revestimiento barroco de la iglesia. Es el momento de la renovación de los tesoros medievales y de las ricas colecciones de platería y bordados. También es la época de las grandes custodias en tierras hispánicas y de la erección de tabernáculos, ejecutados en los más diversos materiales, aunque el predilecto siempre fue el mármol. En época barroca se ponen en boga, dentro de los países del ámbito del orbe católico, estos templetes, cuya finalidad respondía a la reafirmación del dogma que señalaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía. La piedra quedaba circunscrita y limitada a las fachadas de los templos, pero también se escogió dicho material para el ornato del interior, como queda demostrado con el tabernáculo de la iglesia de Santa María de Elche, algo que no resulta un fenómeno fuera de lo normal, pues debe tenerse en cuenta que dicho templo constituía y constituye el gran santuario mariano de la diócesis de Orihuela. Lógicamente, la labra de la piedra era mucho más costosa y difícil que la talla de la madera, más asequible y corriente, motivo que justifica que tan solo se hiciera, en el caso de Elche y al menos que se conozca, una pieza en mármol para el interior de un templo.
Custodia, tabernáculo y sagrario son, en muchas ocasiones, sinónimos, pues todos ellos indican que su contenido no es otro que la Sagrada Forma, aunque tienen ciertas diferencias. El tabernáculo se menciona con el significado de custodia, pero específicamente se trata de tabernáculo cuando es una pieza monumental, con un perfil turriforme y una doble estructura, pues el armazón exterior cobija un tabernáculo, de similar diseño pero de dimensiones más reducidas, que contiene además el sagrario en su zona inferior. El hecho de que contenga tan exquisito elemento propicia que sea construido en materiales lujosos.
El caso del tabernáculo de Santa María de Elche ha sido objeto de un estudio profundo y será publicado en Archivo de Arte Valenciano, editado por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Tiene una historia compleja, pues desde 1685 se venía planeando su erección, pero no será hasta los años centrales del siglo XVIII cuando se levante en el presbiterio de Santa María de Elche esta estructura de mármoles genoveses.
En suma, puede decirse que este templete, igual que el resto de idéntica tipología, es la imagen concreta y física del «tabernáculo que Dios plantó entre los hombres», incluso desde su propio trazado al conjugarse en él el cuadrado, en planta, y el círculo, en cúpula de remate, que respectivamente aluden a la Tierra y al Cielo. La misma presencia eucarística bajo ese dosel viene a completar el simbolismo. Son estos tabernáculos el trono de Dios en la Tierra y así eran considerados en épocas pretéritas.
La obra, como puede apreciarse, presenta una clara impronta italiana, resaltando en ella su cuidada elaboración e igualmente sus exquisitos materiales: mármoles polícromos con bronces e incrustaciones de porcelana blanca y azul. Ello encaja y se adecua al italianizado ambiente de la tierra, en la que eran conocidos los mármoles llegados de Italia, entre ellos el templete de la colegial de San Nicolás de Alicante. Pero no solo hay que referirse al material, sino también a su original diseño, resolviéndose la estructura externa como un único cuerpo circular coronado por cúpula con linterna, aunque se marcan unas esquinas o ángulos en los ejes diagonales donde se anteponen parejas de columnas. Tales pares de columnas ocultan sendas pilastras encastradas en cuyas acanaladuras se dispone cerámica. A continuación, se incorpora un entablamento completo rematado por frontones de disposición cóncava, es decir, de curva contraria a la del círculo del templete. Este detalle resulta muy italiano y puede recordar algunas ilustraciones y proyectos de Giuseppe Galli Bibiena, muy especialmente aquellas que reproducen pequeños templetes y otras arquitecturas efímeras donde están presentes las columnas pareadas en las esquinas y los frontones semicirculares cóncavos.
He querido traer esta pieza esta tarde de sábado aquí para que la conozcáis. Espero que os haya gustado. Si hay obras similares en vuestras respectivas localidades y me queréis enviar alguna fotografía, la publicaré encantado. Recibid un abrazo.
Comentarios al Salmo 94
1. Comentario de Noel Quesson
Primera lectura: Con Israel
Este salmo, mediante el cual frailes, monjes y sacerdotes comienzan su jornada, era utilizado por los judíos en las ceremonias de renovación de la Alianza. Encontramos en este canto una especie de evocación del ritual utilizado. Mediante dos exhortaciones, los levitas, organizadores del culto en el Templo, invitan a la asamblea a participar activamente en la celebración: «venid, aclamad, gritad… entrad, prosternaos»… A cada invitación, la muchedumbre responde mediante una fórmula ritual estereotipada de asentimiento, que comienza por «sí»: «sí, el gran Dios, es el Señor»… (La creación) «Sí, él es nuestro Dios»… (la Alianza).
Entonces, se escucha una especie de oráculo: Dios toma la palabra para recordar la seriedad de esta Alianza, su dimensión histórica y su actualidad «hoy».
Segunda lectura: Con Jesús
Jesús quiso revivir el tiempo del desierto, lugar de la prueba, lugar de la tentación y del desafío a Dios («Meribá y Masá», Éxodo 17:1-7; Números 20:1-13). Durante 40 días, evocando los 40 años de la larga peregrinación en el desierto, Jesús fue tentado. Y las tres formas concretas de esta tentación eran precisamente las mismas del pueblo de Israel: la tentación del hambre, la tentación de los ídolos, la tentación de los signos milagrosos. Un día u otro, son las tentaciones de cualquier hombre. «Durante 40 años esa generación me ha decepcionado». Esta palabra «generación», tomada en sentido peyorativo (como si se dijera «ralea»), la utilizó Jesús con el mismo sentido condenatorio de este salmo. «¿Por qué esta generación pide un signo? No se dará ningún signo a esta generación» (Marcos 8:12). «Generación mala y adúltera que pide un signo» (Mateo 12:39). «Generación incrédula, ¿hasta cuándo estaré con vosotros?» (Marcos 9:19).
«El rebaño guiado por su mano». Este tema del «pastor», Jesús lo utilizó también: «Yo soy el buen pastor»… (Juan 10). «Viendo las muchedumbres, se llenó de compasión hacia ellas porque las veía como ovejas sin pastor» (Mateo 9:36).
Queda aún la imagen de la «roca», de la roca sólida que Jesús utilizó varias veces. «El hombre que escucha la palabra de Dios se parece a quien construye su casa sobre la roca» (Mateo 7:24).
Tercera lectura: Con nuestro tiempo
Invitación: venid, entrad, cantemos con alegría, aclamemos. «¡Nadie es una isla!». Después de largos siglos de individualismo, el mundo actual redescubre los valores comunitarios. El gran anonimato de las ciudades causa una soledad que, por contraste, hace desear «estar con» los demás. La liturgia actual se esfuerza por valorizar la participación comunitaria. Nunca deberíamos olvidar que si la Iglesia nos convoca a la misma hora, en el mismo lugar, no es para hacer una oración individual (por indispensable que ella sea, pero en horas distintas), sino para una oración «juntos»: ¡venid, entrad, cantad con alegría, aclamad, cantad! Esto explica por qué los monjes, de madrugada, se invitan unos a otros a la alabanza común. Dejémonos llevar por la oración de los demás. No seamos de aquellos que rechazan esta invitación y se encierran en su aislamiento piadoso.
Inclinaos, prosternaos. Nada más bello que las muchedumbres de La Meca prosternadas, con la frente hasta el suelo, en la misma dirección. ¿Hemos acaso olvidado en Occidente este gesto casi universal de las religiones? Hay que hacerlo para experimentar toda la carga afectiva: «Dime ante quién te inclinas»… «Dime a quién reconoces superior a ti»… Lo sabemos muy bien, un gesto es más verdadero y comprometedor que una palabra. Pero, por desgracia, nuestra cultura occidental nos ha desencarnado… Pese a la célebre advertencia de Pascal: «Quien quiere hacer el ángel, hace la bestia».
La Alianza: «Él es nuestro Dios, nosotros somos su pueblo»… «¿Lo escucharemos?». «La Alianza», anillo recíproco que llevan los esposos, símbolo corporal de pertenencia mutua. Palabra clave de la Biblia. Audacia extraordinaria del hombre religioso que imagina su relación con Dios en términos de desposorio. Aventura extraordinaria de Dios, totalmente otro, que se une amorosamente a un pueblo, a pobres humanos. Esto garantiza vivir la fe como una relación de amor. Pero ilumina también el estado del matrimonio, haciendo de él un «sacramento» de fe. Los valores esenciales del amor humano son también valores fundamentales de la fe. «No me abandones, no me abandones», dice la canción, exigencia de fidelidad. «Escúchame, escúchame pues», forma concreta que toma el amor. «Tú me has defraudado, has cerrado tu corazón», el amor es también fuente de sufrimiento y decepciones.
El pecado como «infidelidad», negación a «escuchar». El «tú» de reproche que aparece al final del salmo es el signo de un amor herido. Tal es, efectivamente, la verdadera dimensión del pecado. Se reduce considerablemente el mal cuando se limita a la simple transgresión de una ley, cuando se sitúa en relación con un mandamiento, cuando se queda al nivel de lo permitido y lo prohibido. Para el hombre religioso, la moral no es solamente la moral (es decir, un sistema ético cerrado en sí mismo, de normas de funcionamiento de la sociedad humana), es uno de los elementos de la relación con Dios. El mal «alcanza» a Dios, «frustra» a Dios. En lugar de acusar a Dios, de lanzarle «un desafío» por el problema del mal existente en el mundo, debemos comprender que el mal es contrario al plan de Dios, que Él es el primero que sufre, como un artesano que ve desbaratarse su obra, como un esposo ridiculizado.
Hoy. La Iglesia nos propone recitar este salmo cada mañana, y esto no es mera casualidad. La invitación a la alegre alabanza del comienzo es una invitación diaria. La advertencia severa de resistir a la tentación es también una invitación positiva: Hoy… todo es posible. El pasado es pasado… El mal de ayer se acabó. Una nueva jornada comienza.
NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DÍAS. Tomo I
PAULINAS, 2ª Edición
BOGOTÁ-COLOMBIA-1988. Págs. 172-175
2. Meditación de Carlos G. Vallés: El Descanso de Dios
«No entrarán en mi descanso…»
Esas son de las palabras más temibles que jamás te he escuchado, Señor. La maldición de las maldiciones. El rechazo definitivo. La prohibición de entrar en tu descanso. Pienso en la belleza y la profundidad de la palabra «descanso» cuando se aplica a ti, y comienzo a comprender la desgracia que será quedar excluido de él.
Tu descanso es tu divina satisfacción al acabar la creación de cielos y tierra con el hombre y la mujer en ellos, tu mandamiento del sábado de alegría y liturgia en medio de una vida de trabajo, tu eternidad en la gloria bendita de tu ser para siempre. Tu descanso es lo mejor que tienes, lo mejor que eres, el ocio de la existencia, la benevolencia de tu gracia, la celebración de tu esencia en medio de tu creación. Tu descanso es tu sonrisa, tu amistad, tu perdón. Tu descanso es esa cualidad divina en ti que te permite hacerlo todo pareciendo que no haces nada. Tu descanso es tu esencia sin cambio en medio de un mundo que vive en torno al cambio. Tu descanso eres tú.
Y ahora las puertas de tu descanso se me abren a mí. Me llaman a tomar parte en las vacaciones eternas. Me invitan al cielo. Me llevan a descansar para siempre. Esa palabra mágica, «descanso», se ha hecho mi favorita, con su tono bíblico y su riqueza teológica. Un descanso tan enorme que uno tiene que «entrar» en él. Me rodea, me posee, me llena con su dicha. Veo enseguida que ese descanso es lo que ha de ser mi destino final, palabra casera y divina al mismo tiempo para expresar el fin último de mi vida: descansar contigo.
Ahora he de entrenarme en esta vida para el descanso que me espera en la siguiente. Quiero entrar ya, en promesa y en espíritu, en el divino descanso que un día ha de ser mío a tu lado. Quiero aprender a descansar aquí, a relajarme, a encontrarme a gusto, a dominar las prisas, a evitar tensiones, a vivir en paz. Pido para mí todo eso como anticipo de tu bendición venidera, como fianza en la tierra de tu descanso eterno en el cielo. Quiero ir ya reflejando ahora en mi conducta, mi lenguaje, mi rostro, la esperanza de ese descanso esencial que le traerá a mi alma y a mi cuerpo la felicidad definitiva en la paz perpetua.
¿Qué es lo que no me deja entrar ya en ese descanso? ¿Qué es lo que te hizo jurar en tu cólera: «No entrarán en mi descanso»?
«No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».
Esos incidentes quedaron tan grabados en tu memoria que los citas incluso con los nombres de los lugares en que sucedieron, etapas desgraciadas en la geografía espiritual por la que pasó tu pueblo y por la que nosotros volvemos a pasar en nuestras vidas. Tu pueblo te tentó, desconfió de ti aun después de haber visto tus maravillas, fueron tozudos en sus quejas y en su falta de fe. Eso hizo arder tu ira, y cerraste la puerta a aquellos que durante tanto tiempo se habían negado a entrar.
«Durante cuarenta años, aquella generación me asqueó, y dije: Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino; por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso».
¿Cuántos años me quedan a mí, Señor? ¿Cuántas oportunidades aún, cuántas dudas, cuántas Masás y Meribás en mi vida? Tú conoces bien los nombres de mi geografía privada; tú recuerdas mis infidelidades y te resientes por mi tozudez. Hazme dócil, Señor. Hazme entender, hazme aceptar, hazme creer. Hazme ver que la manera de llegar a tu descanso es confiar en ti, fiarme en todo de ti, poner mi vida entera en tus manos con despreocupación y alegría. Entonces podré vivir sin ansiedad y morir tranquilo en tus brazos para entrar en tu paz para siempre. Que así sea, Señor.
«¡Ojalá escuchéis hoy su voz!».
CARLOS G. VALLÉS
BUSCO TU ROSTRO
ORAR LOS SALMOS
Paulinas Sal Terrae. Santander-1989
3. Palabra de Vida por Chiara Lubich
«Ojalá escuchéis hoy su voz» (Salmo 94:8)
El salmo, del cual se ha tomado la Palabra de vida, nos recuerda que nosotros somos el pueblo de Dios y que Él nos quiere guiar, como hace un pastor con su rebaño, para introducirnos en la tierra prometida. Él, que nos ha pensado desde siempre, sabe cómo tenemos que caminar para vivir en plenitud, para alcanzar nuestro verdadero ser. En su amor nos sugiere qué hacer, qué no hacer y nos señala el camino a seguir.
Dios nos habla como a amigos porque quiere introducirnos en la comunión con Él. Si uno escucha su voz —dice nuestro salmo en su conclusión—, entrará en el «reposo» de Dios, es decir, en la tierra prometida, en la alegría del Paraíso (1).
Jesús se compara también a un pastor que nos conduce a cada uno a la plenitud de la vida. Él habla y sus discípulos, que lo conocen, escuchan su voz y lo siguen. A ellos les promete la vida eterna (2).
Dios le hace sentir su voz a cada uno. Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: «En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer y cuya voz lo llama siempre que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal; cuando es necesario le dice claramente a los sentidos del alma: haz esto, evita aquello. En realidad el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón…» (3).
¿Qué tenemos que hacer cuando Dios habla a nuestro corazón? Simplemente tenemos que ponernos a la escucha de su Palabra sabiendo que, en el lenguaje bíblico, escuchar significa adherir enteramente, obedecer, adecuarse a lo que se nos dice. Es como dejarse tomar de la mano y hacerse guiar por Dios (4). Podemos confiarnos a Él como un niño que se abandona en los brazos de la madre y se deja llevar por ella. El cristiano es una persona guiada por el Espíritu Santo.
«Ojalá escuchéis hoy su voz»
Enseguida después de estas palabras, el salmo continúa: «No endurezcáis el corazón». También Jesús ha hablado muchas veces de la dureza del corazón. Se puede oponer resistencia a Dios, uno puede cerrarse a Él y negarse a escuchar su voz. El corazón duro no se deja plasmar.
A veces no se trata ni siquiera de mala voluntad. Es que cuesta reconocer «esa voz» en medio de muchas otras voces que resuenan dentro. Muchas veces el corazón está contaminado de demasiados ruidos ensordecedores: son inclinaciones desordenadas que conducen al pecado, la mentalidad de este mundo que se opone al proyecto de Dios, las modas, los eslóganes publicitarios. Sabemos lo fácil que resulta confundir las propias opiniones, los propios deseos con la voz del Espíritu en nosotros y lo fácil que es, por consiguiente, caer en caprichos y en lo subjetivo.
Nunca tengo que olvidar que la Realidad está dentro de mí. Tengo que hacer callar todo en mí para descubrir la voz de Dios. Y tengo que extraer esa voz como se rescata un diamante del barro: limpiarla, sacarla a relucir y dejarse guiar por ella. Entonces también podré ser guía para otros, porque esa voz sutil de Dios que empuja e ilumina, esa linfa que sube del fondo del alma, es sabiduría, es amor y el amor se debe dar.
«Ojalá escuchéis hoy su voz»
¿Cómo afinar la sensibilidad sobrenatural y la intuición evangélica para estar en condiciones de percibir las sugerencias de esa voz?
Antes que nada, es necesario reevangelizarse constantemente acudiendo a la Palabra de Dios, leyendo, meditando, viviendo el Evangelio, para ir adquiriendo, cada vez más, una mentalidad evangélica. Aprenderemos a reconocer la voz de Dios dentro de nosotros en la medida en que aprendamos a conocerla de los labios de Jesús, Palabra de Dios hecha hombre. Y esto se lo puede pedir con la oración.
Luego deberemos dejar vivir al Resucitado en nosotros, renegando de nosotros mismos, haciéndole la guerra al egoísmo, al «hombre viejo» que está siempre al acecho. Esto requiere una gran inmediatez para decir que no a todo lo que va contra la voluntad de Dios y para decirle sí a todo lo que Él quiera; no a nosotros mismos en el momento de la tentación, cortando de inmediato con sus insinuaciones, y sí a las tareas que Él nos ha confiado, sí al amor hacia todos los prójimos, sí a las pruebas y a las dificultades que encontramos.
Podemos, finalmente, identificar más fácilmente la voz de Dios si tenemos al Resucitado en medio de nosotros, es decir, si amamos hasta la reciprocidad, creando en todas partes oasis de comunión, de fraternidad. Jesús en medio de nosotros es como el altoparlante que amplifica la voz de Dios dentro de cada uno, haciéndola escuchar más claramente. También el apóstol Pablo enseña que el amor cristiano, vivido en la comunidad, se enriquece siempre más en conciencia y en todo tipo de discernimiento, ayudándonos a reconocer siempre lo mejor (5).
Entonces nuestra vida estará como entre dos fuegos: Dios en nosotros y Dios en medio de nosotros. En este horno divino nos formamos y nos entrenamos a escuchar y seguir a Jesús.
Una vida guiada en todo lo posible por el Espíritu Santo resulta hermosa: tiene sabor, tiene vigor, tiene mordiente, es auténtica y luminosa.
Chiara Lubich
Referencias:
1) Hebreos 3:7-4:11
2) Juan 10:28
3) Gaudium et Spes 16
4) Cf. Salmo 73:23-24
5) Cf. Filipenses 1:9

