La organización política. Las instituciones.

La historia política de los siglos XIV y XV en Castilla fue realmente compleja y estuvo llena de luchas entre la nobleza y el rey por el poder. Durante estos siglos la monarquía se fortaleció mediante el desarrollo de sus instituciones, creándose el Consejo Real, que tenía la función de asesorar al monarca; la Chancillería de Valladolid, encargada de la justicia, las contadurías de Hacienda y Cuentas o la figura del corregidor, oficial enviado por el rey a las ciudades para intervenir en caso de conflicto. La institución más importante fueron las Cortes, existentes desde 1188, en las que participaban los tres estamentos y que tenían la función de aprobar los subsidios a la corona a cambio de contraprestaciones políticas o económicas. La Corona de Aragón fue una confederación de reinos: Aragón, Valencia y Mallorca, y los Condados Catalanes, que poseían distintas instituciones y leyes. Los reyes se vieron obligados a pedir cuantiosos recursos a los nobles y burgueses, quienes a cambio obtuvieron derechos y privilegios. Por ello hablamos de monarquía pactista.

Las Cortes eran diferentes para cada reino. En Cataluña se creó la Diputación del General (Generalitat), encargada de supervisar el cumplimiento de los acuerdos mientras no se convocasen Cortes.

En Aragón existió la institución del Justicia Mayor de Aragón, un noble que velaba por el mantenimiento de los privilegios estamentales.

Crisis demográfica, económica y política.

Los siglos XIV y XV estuvieron marcados por una profunda crisis demográfica, económica y política, tanto en Castilla como en Aragón. 

Varios años de malas cosechas y escasez de alimentos propiciaron una desnutrición de la población. La llegada de la Peste Negra en 1348 conllevó una disminución de la población que llegó incluso al 40%. No se recuperó hasta el siglo XV. Este descenso de la población golpeó duramente a la agricultura. Muchos campesinos, ante la presión ejercida por los señores, provocaron revueltas, como los payeses de remença en Cataluña, o los irmandiños en Galicia. La artesanía también entró en declive ante el descenso de la demanda provocado por el descenso demográfico y el empobrecimiento de la población. En Castilla la ganadería trashumante ovina se convirtió en la principal actividad económica, creándose el Honrado Concejo de la Mesta en 1273. La crisis política se produjo por la pugna entre nobleza y monarquía por el poder. En Castilla hubo varios conflictos de gran gravedad: La guerra civil entre Pedro I y Enrique de Trastámara en 1366 trajo al trono a una nueva dinastía, los Trastámara, y significó el triunfo de la nobleza. Los débiles reinados de Juan II y Enrique IV en el S.XV estuvieron marcados por las presiones de la nobleza y los conflictos sucesorios.

En Aragón, tras la muerte de Martín I el Humano sin descendencia, se llega al Compromiso de Caspe (1412), por el cual la dinastía de Trastámara llega al poder en la figura de Fernando de Antequera. La guerra civil (1462-1472) estalló al enfrentarse el rey Juan II con la nobleza y el clero catalanes, empobreciendo al país.

La expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo.

La expansión mediterránea de la Corona de Aragón se inicia en el siglo XIII y se prolonga durante el XIV, siguiendo unas pautas marcadas por los intereses económicos de la burguesíacatalana. Comienza, de hecho, durante el reinado de Jaime I, cuando se conquistan Mallorca y Valencia.

En 1287 se incorpora Menorca, tras ser conquistada a los musulmanes.

Los reyes aragoneses incorporaron sucesivamente Sicilia (1282) y Cerdeña (1326), en lucha contra los franceses, los genoveses y el papado. Entre ambas conquistas los almogávares, dirigidos por Roger de Flor conquistaron y pusieron bajo la autoridad nominal del rey Pedro IV los ducados de Atenas y Neoptaria. El último impulso del imperialismo catalano-aragonés en el Mediterráneo llegó con Alfonso V el Magnánimo (1416-1458) quien anexionó el reino de Nápoles en 1443, en lucha contra los franceses y las potencias italianas. Las campañas militares obligaron a la monarquía a mantener un gran esfuerzo militar y económico, pero las conquistas también ayudaron a impulsar la prosperidad y el crecimiento económico, gracias al control de las rutas marítimas.

Las rutas atlánticas: castellanos y portugueses. Las Islas Canarias.

Por su posición geográfica, la expansión de Castilla y Portugal se dirigió hacia el Atlántico.

En 1344 se produce la toma de Algeciras, lo que aseguró el control del Estrecho por parte de los castellanos. Como consecuencia, Sevilla y los puertos andaluces se convirtieron en grandes centros comerciales. Allí se asentaron agentes comerciales y banqueros, sobre todo genoveses. En los puertos del Cantábrico se centralizaba la exportación de lana y del hierro vasco hacia Europa.

Paralelamente se desarrolló la rivalidad con Portugal, ya que la dinastía Avis, especialmente durante el reinado de Enrique el Navegante había iniciado un proceso de exploración que les llevó a descubrir Madeira, las Azores, así como a la exploración de la costa africana, buscando una ruta hacia Asia. Estas expediciones culminarán con Bartolomé Dias, quien llegó al Cabo de Buena Esperanza en 1487, y de Vasco de Gama, quien conseguirá llegar a la India costeando el continente africano en 1498.

La conquista de las Islas Canarias puede dividirse en dos fases. Una primera parte realizada por Jean Bethencourt, quien, a partir de 1402, somete las islas de Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera.

La segunda bajo el reinado de los Reyes Católicos, con la conquista de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, campañas dirigidas por nobles como Antonio Fernández de Lugo.