Contribuir a la socialización de niños y niñas y a su desarrollo personal

La literatura infantil siempre ha ejercido una función socializadora porque se dirige a un lector en formación, a los niños a los que hay que transmitir unos modelos de conducta que rigen la sociedad adulta. Esta literatura nació con una función claramente didáctica (recordemos el ejemplo de los libros llamados «Juanitos» a finales del siglo XIX). También hay que recordar que en el siglo XVIII se usaron las fábulas de manera didáctica; aunque con el paso del tiempo esta tensión ha disminuido, está claro que en los libros infantiles siempre se van a buscar una serie de valores.

A partir de los años 60, en la literatura que se produce fuera de España se empiezan a tratar todo tipo de temas antes considerados tabú, y se empieza a hablar de la muerte, la marginación, el divorcio, etc. En España, el boom de los libros infantiles no llega hasta los años 80, debido a la dictadura franquista.

En concreto, si nos fijamos en uno de los valores que se defienden en la actualidad, como el de la coeducación, en muchas etapas de la historia las lecturas han estado divididas, dirigiéndose a niños o a niñas. En el siglo XIX, una obra como Mujercitas de Louisa May Alcott iba dirigida exclusivamente a niñas; en cambio, las historias de aventuras se destinaban más a los niños, como las obras de Julio Verne o La isla del tesoro de Stevenson. Curiosamente, en los años 50 y en plena dictadura franquista también se volvió a esta separación de las lecturas, porque entonces los centros educativos no eran mixtos.

En la actualidad, aunque parezca que se ha avanzado en cuanto a la educación mixta, sigue habiendo colecciones claramente destinadas a las niñas, que suponen una imitación de la novela romántica de la literatura de adultos. Parece que ya no existe la misma división entre hombres y mujeres, pero desde el punto de vista comercial se sigue utilizando para obtener beneficios.

Como reacción a estos libros determinados por el género, en los años 70 empieza a llegar el feminismo a la literatura infantil, y se generan guías de lectura y bibliografías con títulos específicos para trabajar la coeducación en las aulas. Dentro de la editorial Lumen apareció una colección con texto de Adela Turin e imágenes de Nella Bosnia. Un título de dicha colección es «Rosa Caramelo».

Análisis del libro «Rosa Caramelo»

En cuanto a las ilustraciones, podemos decir que son muy básicas, ya que es un cuento de los años 70: el fondo es blanco y el gris se alterna con el rosa. Es una historia que tiene introducción, nudo y desenlace, y una resolución del conflicto acorde con los valores que se quieren transmitir. Es un argumento simple, porque desde el principio se prevé lo que va a ocurrir; desde el punto de vista literario, la historia es previsible, y esto le resta calidad.

Análisis del libro «Oliver Button es un nena«

Autor: Tomie dePaola
Editorial: Susaeta

Es otro libro que defiende la coeducación. Es un libro de 1979, pero no llegó a España hasta 1982. La historia está más trabajada y tiene un final inesperado, por lo que desde el punto de vista literario es bastante mejor que «Rosa Caramelo».

Desde el punto de vista de la ilustración, las imágenes aparecen dentro de marcos, lo que propicia que el lector se sienta más distanciado. Existe una intención de variación en la maquetación, porque varían las ilustraciones: algunas ocupan toda la página y otras no. También hay varias imágenes en la misma página para representar distintos momentos dentro de la misma acción. Hay variación en el tipo de letra en el muro de la escuela, en la pizarra, etc., porque aparecen letras en mayúscula que no son de imprenta.

Clásicos infantiles

Charles Perrault (1628-1703), siglo XVII

Era un hombre de la corte del rey Luis XIV. Los cuentos que publicó en 1697 se recogen en el libro Cuentos de antaño, entre ellos La Cenicienta, Caperucita Roja, Pulgarcito, La bella durmiente, Barba Azul, Piel de asno (este último escrito en prosa) y Las hadas. Lo más significativo de estos cuentos son las distintas versiones que existen de ellos: al ser relatos de la tradición oral, cada autor elige los hechos que quiere contar. Perrault conserva los cuentos tal como se contaban en la tradición oral.

En La bella durmiente de Perrault, cuando la princesa despierta se va a vivir con el príncipe a su reino. La madre del príncipe, que es una especie de ogra, quiere comerse a la Bella Durmiente y a los hijos que tienen ambos, pero no lo consigue.

Los hermanos Grimm: Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859)

Publicaron cuentos que en un principio no iban destinados a los niños, sino que buscaban recoger la tradición germánica. Como tuvieron tanto éxito, hicieron una edición adaptada y recogieron sus cuentos en Cuentos del hogar (1825). De los hermanos Grimm es famoso el comienzo «Érase una vez…» y un final que se convierte en un cliché: «si no han muerto, viven todavía».

Estos cuentos se hicieron populares porque el niño se identificaba con ellos: el protagonista superaba una serie de obstáculos y vivía situaciones de miedo, hambre, etc. A veces se opina que en estos cuentos había hechos muy crueles, pero en realidad eran hechos reales que sucedieron hace mucho tiempo, como ocurre en Hansel y Gretel, donde los padres tienen que abandonar a los hijos por el hambre que pasaban.

Otros cuentos son:

  • Caperucita Roja: aparece el cazador, mata al lobo y salva a Caperucita y a su abuela. En este cuento hay un segundo lobo, que matan con agua hirviendo. La diferencia entre el cuento de los hermanos Grimm y el de Perrault es que el de Perrault acaba con una moraleja que dice que las niñas tienen que tener cuidado con los lobos para que no las seduzcan, mientras que en los hermanos Grimm la moraleja es que los niños tienen que ser obedientes.
  • La bella durmiente de los hermanos Grimm: en esta versión acaba con la felicidad de los príncipes, que planean casarse tras despertar a la princesa de su largo sueño, a diferencia de Perrault, donde la madre del príncipe, que es un ogro, quiere comerse a la princesa y a sus hijos.

Los Grimm tienen otros cuentos como Hansel y Gretel, Blancanieves, El flautista de Hamelín, El príncipe rana, El sastrecillo valiente y Cenicienta.

Hans Christian Andersen (1805-1875)

Los cuentos de Andersen son inventados por él, no proceden de la tradición oral. La primera edición de esta colección se publicó en 1835 con el título Cuentos para niños. Andersen era danés. Algunos cuentos de esta colección son El patito feo, La sirenita, El soldadito de plomo y Los zapatos rojos. Estos cuentos suelen tener finales tristes, con excepción de El patito feo.

James Orchard Halliwell

A este autor pertenece Los tres cerditos (1843).

Carlo Collodi (1826-1890)

Autor de Pinocho. Trabajaba en un periódico italiano. Intentó escribir una historia para enseñar algo a los niños, y le salió un niño muy rebelde: así nació Pinocho. Pinocho es un niño ingenuo, poco previsor y poco comedido, a diferencia de Juanito. Es mentiroso, revoltoso, irreflexivo y espontáneo, pero también es tierno: llora y llama a su papá. Al final, el hada de los cabellos azules salva a Geppetto y a Pinocho, y convierte a Pinocho en un niño de carne y hueso porque promete que va a ser bueno. Es una historia pedagógica.

Lewis Carroll (1832-1898)

Las historias de Carroll gustaban a los niños por los mundos de fantasía que presentaban. Desde el punto de vista de los adultos, eran una burla de la sociedad victoriana, que era muy rígida. Alicia en el país de las maravillas (1865) parte de una historia que el autor le cuenta a una niña llamada Alicia. Carroll era profesor en Oxford por un lado y escritor de cuentos fantásticos por otro. Su cuento se relaciona con la tradición oral del cuento maravilloso y con el nonsense (sin sentido). Hay adivinanzas, juegos de palabras, malentendidos, homónimos… La segunda parte se titula Alicia a través del espejo.

Astrid Lindgren (1907-2002)

Se tradujo al español como Pippi Calzaslargas. En una época tan temprana se publicó este libro que, en aquel momento, no era políticamente correcto y fue censurado, ya que Pippi vivía sola en una casa, no quería ir al colegio, etc. Por ello, desde el punto de vista pedagógico no era muy educativo. Tenía un mono, el señor Nilsson, y un caballo llamado Pequeño Tío. Pippi era una superniña con una fuerza extraordinaria, y esto resultaba muy valioso. Sus cualidades positivas: era una gran amiga y ayudaba a la gente en general. También tenía un cofre lleno de monedas de oro.

Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944)

Fue aviador, concretamente piloto en la Segunda Guerra Mundial. Se inspiró en su aterrizaje en el desierto para escribir El principito. Es un personaje que recuerda a los cuentos maravillosos: vive en un pequeño planeta en el que, dando una pequeña vuelta, se pueden ver constantemente puestas de sol. Tiene también unos pequeños volcanes, además de una rosa a la que cuida con mucha delicadeza y resguarda del frío y del viento con una campana de cristal.

El principito recorre distintos planetas, lo que sirve al autor para hacer una crítica de los vicios de los seres humanos. Por último, cae en la Tierra, en un desierto, y allí se encuentra con el aviador, que es el narrador de la historia; este le cuenta todo el recorrido y cómo era su planeta. El principito le pide que le dibuje un cordero; el aviador le dice que no sabe dibujar, pero dibuja una caja y le dice que dentro de la caja está el cordero.

Otro de los episodios más conocidos es el de su encuentro en la Tierra con un zorro, que le dice: «solo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos». El zorro critica el materialismo de los hombres, por eso le dice que lo más importante en esta vida es la amistad y el amor. El principito añoraba su planeta, porque allí estaba el ser al que más quería: su pequeña flor. Al tratarse de una historia de amor, el principito piensa que la única manera de recuperar su flor es muriendo, ya que es la forma de llegar a su planeta con su espíritu, así que se deja morder por una serpiente. El narrador dice que el principito llegó al final para estar con su amada flor. Es un cuento con una gran carga filosófica.

J. M. Barrie (1904)

Es el autor de Peter Pan.

P. L. Travers (1935)

Autora de Mary Poppins.

Elena Fortún (1886-1952)

Es la autora española de Celia lo que dice (1929) y Celia en el colegio (1932), de la cual se hizo una serie que se publicó en la prensa por entregas, lo mismo que ocurrió con Pinocho. Esta es la época de las vanguardias españolas, una época muy fructífera. Llegó la Guerra Civil y supuso un corte.

Estos libros son anteriores a la Guerra Civil y en ellos se refleja un ambiente realista y cotidiano de una familia de clase media alta que se permite viajar al extranjero. El narrador es omnisciente, pero el foco es Celia, una niña de 7 años, a través de cuyo punto de vista se cuenta la historia. A partir de esta visión del mundo que la rodea, se hace una ligera crítica al mundo adulto burgués de la época. Hay muchos diálogos y el estilo es sencillo, pues es un libro dirigido a los niños.

La autora se exilió y allí siguió escribiendo: publicó Celia institutriz en América (1944) y Celia en la Revolución (1987), libro publicado póstumamente, 35 años después de su muerte, que habla de Celia adolescente en el Madrid de la Guerra Civil.

José María Sánchez Silva (1911-2002)

Es el autor de Marcelino pan y vino, único autor español en recibir el Premio Andersen. La historia cuenta que Marcelino era un niño que vivía en un convento de frailes porque lo habían abandonado de pequeño. Marcelino habla con una estatua de Jesucristo que había en el desván del convento, y Jesucristo le contesta. Al final le pide a Cristo que le lleve al cielo con su madre, porque la echa de menos. Cristo baja a por él y Marcelino se queda dormido para siempre. Es un libro de marcado carácter religioso, está bien escrito y tiene matices cómicos. Su autor obtuvo el Premio Cervantes y el Premio Nadal, y fue miembro de la Real Academia Española.

Ana María Matute (1925-2014)

La obra más importante de la autora para la literatura infantil es El polizón del Ulises (1965), que plantea el proceso de maduración de un niño y el paso de la infancia a la vida adulta. Al igual que Marcelino, el niño es abandonado, esta vez en la puerta de la finca de tres señoritas solteras, que lo educan como si fuera su propio hijo. El niño tiene su espacio propio en lo alto, en el desván de la casa, donde construye un barco al que llama «el Ulises» en honor al personaje de la Odisea. Es un espacio en el que imagina correr miles de aventuras surcando los mares, inspiradas por los libros que lee.

Joan Manuel Gisbert (1949-actualidad)

Escenarios fantásticos (1979) es una obra difícil para primaria, pues tiene un lenguaje muy rico y complicado para niños y jóvenes. En los años 80 se produce en España el boom de la literatura infantil y juvenil.