El Ascenso de China: Estrategia Global, Liderazgo Económico y Desafíos para Occidente
Las Fases del Liderazgo Chino: De la Fábrica al Espacio
China no solo aspira a liderar la economía mundial, sino que también pretende un papel hegemónico. La estrategia hegemónica de China está perfectamente definida sobre la base de la consecución secuencial de tres fases de liderazgo:
- El liderazgo productivo: China, la fábrica del mundo.
- El liderazgo financiero: China, el banquero del mundo.
- El liderazgo tecnológico: China, el explorador de otros mundos.
Este último tiene a su vez tres componentes:
- El industrial o productivo y de servicios.
- El militar.
- El espacial.
Occidente cometió un error fatal al autorizar a China a incorporarse en el año 2001 a la Organización Mundial del Comercio (OMC) sin exigirle a cambio contrapartida alguna. Esta adhesión permitió a Pekín rearmar su estrategia de guerra económica, consiguiendo el desarme arancelario del mundo frente a China y manteniendo la manipulación de su moneda. Fue gracias a esta devaluación artificialmente forzada, combinada con el desarme arancelario del mundo frente a China propiciado por la entrada de China en la OMC, que China multiplicó sus exportaciones y ha podido acumular enormes excedentes comerciales que le dan la fortaleza financiera para comprar el mundo.
El desplazamiento de recursos productivos hacia China está provocando la desindustrialización de muchos sectores productivos en Occidente, y que los desplazamientos de los recursos financieros hacia aquel país están produciendo la descapitalización de los sistemas financiero y público occidentales. Se han culminado el liderazgo productivo y el liderazgo financiero, al que China ha llegado en los últimos años ayudada por las maltrechas cuentas que la crisis ha dejado en Occidente.
Pero el fuerte desarrollo tecnológico de los centros de investigación de China e India están provocando un creciente proceso de deslocalización tecnológica, que puede acelerar rápidamente el desarrollo tecnológico de estos dos países. Estados Unidos y la Unión Europea ya están de hecho a punto de ser superados por China también en la carrera espacial. En 2020, los chinos planean disponer de una estación permanente en el espacio desde la que preparar una hipotética misión tripulada a Marte. En 2013, China tiene prevista una misión de aterrizaje lunar no tripulada y sus científicos han mencionado la posibilidad de situar a un compatriota en la Luna en 2020. Impulsar los viajes espaciales tripulados es su otro gran objetivo.
Con sus planes para culminar el liderazgo militar y espacial, en realidad, lo que China está haciendo es imitar los pasos que siguió Estados Unidos en el siglo XX. En Estados Unidos, la política tecnológica se fundamenta en la financiación pública de los proyectos de la NASA y el Pentágono. Con ello desarrolla tecnología de vanguardia en los sectores espacial y militar, que después va transfiriendo hacia el sector civil. China está siguiendo paso a paso la estrategia tecnológica de Estados Unidos. Desarrollar un ambicioso programa de supremacía tecnológica tanto en el ámbito militar como en el civil es un reto económico, pero también un inequívoco símbolo de sus aires de grandeza. También Estados Unidos ha utilizado tradicionalmente sus logros en tecnología espacial como un símbolo de su poder.
Pero la clave del éxito del desarrollo tecnológico estadounidense fue tejer un sólido entramado de poderosas empresas multinacionales propias, que han sido el último siglo las beneficiarias de los contratos de la NASA y el Pentágono. Sin embargo, la maquinaria no se para en época de paz porque para eso está la vertiente civil del modelo. Así fue como Estados Unidos desarrolló su liderazgo mundial en los ámbitos tecnológico, industrial y de servicios de alto valor añadido. La Unión Soviética centró sus esfuerzos en la vertiente únicamente militar y su error fue no favorecer la creación de empresas independientes. China combina el desarrollo tecnológico civil con el militar y favorece la creación de sólidas multinacionales tecnológicas chinas.
China.com: La Conquista Tecnológica Digital
Los avances tecnológicos no están, ni mucho menos, únicamente centrados en la industria aeroespacial. Como la tecnología es para este país un asunto de prioridad nacional, el Gobierno está poniendo todos los recursos de investigación y desarrollo (I+D) necesarios al servicio de su desarrollo. China ahora quiere liderar la tecnología informática de última generación. Para llevar a cabo la silenciosa conquista de China, primero aprenden, luego replican. Si el primer paso fue convertirse en el primer fabricante de ordenadores y de productos electrónicos para el consumo, el siguiente es ser el primero en inventarlos.
Así como en el siglo XX, Estados Unidos marcó el camino y el ritmo de las telecomunicaciones, ahora China aspira a tomarle el relevo. Lo intentó Japón en los años 80, pero la crisis económica en la que se vio inmerso le impidió lograrlo. Así que en Estados Unidos ya no solo temen que los chinos puedan copiarles los avances como hasta ahora y reproducirlos luego con técnicas y mano de obra barata, sino que les arrebaten para siempre la delantera científica. El país asiático se está tomando muy en serio la formación de generaciones enteras de brillantes ingenieros y programadores que ya están ganando concursos internacionales. La carrera no es solo informática. China arrebatará a Estados Unidos el puesto de primer productor científico en 2013. China no cuenta con inspectores suficientes para contrastar la avalancha de solicitudes, lo que da lugar a no pocos conflictos entre los fabricantes chinos y las empresas extranjeras por los derechos de propiedad industrial e intelectual.
El Desarme Comercial Global frente a China
El gobierno del presidente estadounidense Bill Clinton comenzó en los años 90 exigiendo a China ciertas concesiones en materia de derechos humanos para apoyar su ingreso en la Organización Mundial del Comercio. Dichas concesiones desaparecieron precisamente por la presión de estas empresas multinacionales estadounidenses, ansiosas por fabricar sus productos en China y luego poder venderlos en el resto del mundo sin protección arancelaria alguna. Con la entrada de los chinos en la Organización Mundial del Comercio se produjo el desarme arancelario del mundo frente a China, y se la admitió sin tocar su privilegio de control de cambio.
A China no le importó desarmarse arancelariamente frente al mundo, porque disponía del proteccionismo que le otorga el privilegio del control del tipo de cambio y los obstáculos a las importaciones basados en barreras intangibles. Del cumplimiento por parte de China de sus objetivos hegemónicos no podemos culpar a los chinos, que están en su derecho de obtener para sus ciudadanos las mayores ventajas económicas posibles, sino más bien a la complicidad de intereses económicos cortoplacistas y de los políticos que sirven dichos intereses. La consecución de estos objetivos no sería posible sin la colaboración de las empresas multinacionales occidentales, que están transfiriendo indirecta y masivamente su tecnología a las empresas chinas. Algunas de las escuelas de negocios más prestigiosas de España se han instalado en China para formar a los empresarios chinos que competirán en el mercado global con los empresarios occidentales, pero con sus propias reglas del juego.
Más Allá del Fin de la Historia: El Ascenso de China y el Nuevo Orden Mundial
Fue el gran debate económico de la segunda mitad del siglo XX, el que enfrentaba en la Guerra Fría el icono del capitalismo del libre mercado estadounidense frente a aquellos que al otro lado del telón de acero la organizaban con base en la planificación central y la organización comunista de la sociedad con la extinta Unión Soviética a la cabeza. Mientras el mercado occidental se organizaba entonces en torno a la democracia, los otros lo hacían con la dictadura del proletariado. La organización económica en torno al mercado se proclamaba vencedora y parecía evidente que el capitalismo era más eficiente que el de la planificación central.
Para Huntington, el siglo XXI se caracterizaría en realidad por el choque entre la civilización judeocristiana de los países occidentales y la civilización islámica. Una, la cultura occidental, se fundamenta en una tradición heredada de la Revolución Francesa, creyente de la separación de poderes entre la Iglesia y el Estado y de la independencia de los estamentos legislativo, ejecutivo y judicial, característicos de la democracia liberal; la otra, la civilización islámica, mantiene normalmente la no separación entre la Iglesia y el Estado y en ella aún se diluyen las fronteras entre delito y pecado.
Ya no nos queda otra que reconocer que el futuro ya está aquí y en él, el desarrollo económico no es necesariamente sinónimo de occidentalización y, desgraciadamente, mucho menos de democracia. Se equivocó Fukuyama dando por hecho que el único sistema político con futuro era el liberalismo democrático. Erró también Huntington, que pronosticaba que en realidad lo que nos tocaría vivir en el siglo XXI sería el enfrentamiento entre la civilización judeocristiana y la musulmana. La eclosión de China como líder potencial económico y tecnológico y, quién sabe si también institucional, en el siglo XXI, echa por tierra la tesis de ambos.
Ni la democracia liberal ha vencido al capitalismo de estado chino, ni el factor que va a condicionar las relaciones económicas e institucionales del siglo XXI parece que vaya a ser el choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam, sino entre Occidente y China, en el que el Islam jugará también un papel relevante, pero seguramente no el decisivo. Capitalismo sin democracia es la peor mezcla ideada por las dictaduras de derechas del siglo XX que ha sido redescubierta por los comunistas y postcomunistas del siglo XXI.
Los gigantes empresariales públicos chinos están en manos de la denominada Comisión de Supervisión y Gestión de Activos Estatales. Ese control estatal de las empresas estratégicas clave de China, las autoridades de Pekín lo han sabido hacer compatible de forma magistral con la iniciativa privada, de forma que han logrado un modelo de una extraordinaria eficiencia que protege a las empresas chinas de la competencia exterior en su propio mercado, y les permite jugar con las reglas del mercado en los mercados exteriores.
Las Ventajas Estratégicas de China: Las «Cartas Marcadas» en el Juego Global
Juan Roig, el presidente de Mercadona, en la presentación de los resultados de su exitosa cadena de supermercados en marzo de 2012, puso como modelo a imitar por parte de los españoles para salir de la crisis a los 7.000 bazares chinos que hay en España, y al esfuerzo de los chinos por mantener su actividad económica en un total de 50.000 comercios que tienen en nuestro país. Si China está ganando la partida a Occidente es porque está jugando con las cartas marcadas. China juega con cinco cartas marcadas:
- La monetaria
- La tecnológica
- La social
- La ambiental
- La política
La primera es la carta monetaria: su divisa, el yuan, está artificialmente devaluada, lo que supone que las exportaciones chinas estén artificialmente abaratadas. Contra esto es muy difícil competir porque el resto de divisas sí cotizan en los mercados y tienen que atenerse a la mano invisible del mercado.
La segunda es la carta ambiental: China es el país más contaminante del mundo con un sistema energético basado en el carbón.
La tercera de las cartas marcadas es la carta social. Es un secreto a voces que las condiciones laborales en China son de semiesclavitud en muchas empresas.
La cuarta es la carta tecnológica que China guarda en la manga de su capitalismo de Estado. La ventaja desleal le viene aquí de una interpretación sumamente laxa de la legislación sobre propiedad intelectual e industrial por parte de las autoridades chinas, que permite a las empresas copiar impunemente tecnología desarrollada en otros países. La propiedad intelectual e industrial en China no está controlada como lo exigen las democracias occidentales. Buena parte de su éxito de la última década en los mercados exteriores se ha basado en la copia masiva de tecnología, que luego exportaba a precios muy reducidos aprovechando lo deliberadamente laxos que son los controles de propiedad intelectual en su país. No solo estamos hablando aquí de tecnología de bajo nivel e imitaciones de bolsos de lujo que luego llegarán a los mercadillos de la plaza, también se trata de copia indiscriminada de alta tecnología.
La adquisición de tecnología por parte de China se realiza fundamentalmente de tres formas:
- Mediante la compra de empresas de alta tecnología occidentales.
- Mediante la obligación de transferir tecnología de última generación a las empresas multinacionales que se instalen en China.
- Y mediante la copia masiva de tecnología.
¿Cómo consigue China copiar las patentes de forma impune? Muy sencillo: aprovechando la incorporación de ingenieros chinos como trabajadores a las fábricas que las empresas occidentales están instalando en China. En cuanto entras en su territorio, estás a expensas de sus reglas. Por eso cada vez más empresas se están cuestionando si las ventajas económicas de irse a los países asiáticos a producir les compensa el riesgo de permitir la copia masiva de sus secretos de producción más valiosos. Por otra parte, los chinos están adoptando la estrategia tecnológica de los japoneses en los años 60, en la que no se limitaban a copiar la tecnología, sino que trataban de mejorarla. Con ello intentan ganar mercado respecto de las marcas originales.
La quinta y última de las cartas marcadas de China es la carta política. El comunismo de mercado que practica China, un régimen de no libertades, es más eficiente que la democracia de mercado desde el punto de vista de eficiencia económica. Los sistemas dictatoriales, donde las libertades individuales quedan anuladas y sometidas por el supuesto bienestar común, se denominan capitalismo de estado como en el caso del nazismo o comunismo de mercado como en el caso de China, son más eficaces en la toma de decisiones que los estados democráticos, en los que los economistas denominan costes de transacción y negociación, que encarecen en tiempo y recursos la toma de decisiones. El proceso jerarquizado y dictatorial de toma de decisiones en China es sin duda más eficiente que los procesos inherentes a la democracia, pero el coste de la eficiencia es, obviamente, la libertad. La diplomacia de China se caracteriza además por una estrategia de una especie de pragmatismo amoral basado en el principio de no injerencia con el que no duda en aprovechar los vacíos generados por el bloqueo de los países occidentales a algunos países en función de su régimen político despótico, o de su amenaza para la seguridad mundial, para convertirse en socio privilegiado de dichos países.
