Grandes Obras de la Historia del Arte: Neoclasicismo, Romanticismo y Vanguardias (1765-1930)
Pintura y Escultura: Del Neoclasicismo a las Vanguardias
El Neopoussinismo y el Neoclasicismo Temprano
Marco Aurelio repartiendo alimento y medicinas, Joseph Marie Vien. Neopoussinismo (1765). Parte de un programa iconográfico cuya línea argumental son las gestas pacificadoras y magnánimas de los emperadores romanos: Augusto, Trajano, Tito y Marco Aurelio (tema de historia antigua). En una primera ojeada parece tener semejanza con El rapto de las sabinas de Poussin, pero no logra la calidad ni el valor escultórico de este artista. Se observa una gran pobreza en el dibujo de las formas corporales y una expresión corporal insignificante, visible en la figura de Marco Aurelio.
La muerte de Séneca, Jacques Louis David. Neopoussinismo (1773). Primera etapa de David aún como discípulo de Vien y continuador del Neopoussinismo, aunque sus figuras no logran la claridad y volumen escultórico de Poussin. La obra es producto de los principios de dibujo que se enseñaban en la Academia francesa y se caracterizaban por la luminosidad (las figuras se modelan y se les da tridimensionalidad a partir del juego de luces y sombras, oscureciendo el fondo) y la flexibilidad (la línea de contorno se mueve creando una atmósfera en la figura y se funde con el fondo). Del mismo modo, se observa una gesticulación exagerada y una retórica que oscurece en lugar de aclarar la narrativa. Este fenómeno también lo produce la profusión y complejidad de las figuras.
Jacques Louis David y el Neoclasicismo Pleno
Funeral de Patroclo, Jacques Louis David. Neoclasicismo (1779). Con esta obra David inaugura una nueva etapa con estilo propio, pese a tratarse de una obra abarrotada y confusa con múltiples acciones y personajes. Encontramos a Patroclo y Aquiles en el centro, los barcos griegos al fondo, la figura de Héctor atada al carro y el sacrificio de los Príncipes Troyanos a izquierda. La composición se desarrolla en profundidad a través del gentío, el paisaje y la luz. Vemos además influencias del Rococó en el tamaño pequeño de las figuras y las pinceladas sueltas. Como defecto encontramos la falta de instantaneidad y de unidad de acción. La novedad se encuentra en que ya sigue la línea neoclásica con el sentido de drama épico y solemne. La obra fue criticada en su exposición por no entenderse en un golpe de vista.
Belisario pidiendo limosna, Jacques Louis David. Neoclasicismo (1781). En esta obra surge la instantaneidad y unificación del espacio. El autor construye un espacio apriorístico y geométrico con cierta profundidad (lograda a través del punto de fuga descentralizado). Estamos ante una luz naturalista con pocos contrastes que entra por el ángulo superior izquierdo. La gran novedad es la reducción del número de figuras (Belisario, lazarillo, mujer y soldado), pero que permiten representar los distintos tipos y edades humanas. Por otro lado, aparece una nueva concepción del gesto que con su poder redunda en el significado. Atendemos a un asunto trágico y moralizante en relación con la idea de la Fortuna. La nueva concepción de dibujo impone la importancia del contorno externo que definiría el volumen. Presenta algunos fallos como la expresión corporal exagerada (soldado), la perspectiva torpe y la ambigüedad espacial.
El Juramento de los Horacios, Jacques Louis David. Neoclasicismo (1785). Supone la entrada al Neoclasicismo pleno. Los Horacios representaban a Roma y los Curiacios a Alba Longa, siendo familias emparentadas por matrimonio. Cuando un Horacio mata al prometido de su hermana se encuentra a esta llorando y la mata por falta de patriotismo. El tema es un asunto trágico por la elección entre deber público y deseos privados (confrontación entre moral clásica y moral burguesa). David realiza una operación de marketing de la obra viajando a Roma y corriendo el rumor de su asesinato. Crea nuevas fórmulas: inventa el momento del Juramento, lo privatiza y apuesta por la capacidad expresiva del lenguaje corporal, concentrada en las extremidades (mano del padre). Además, innova en la contraposición entre personajes masculinos (representantes del deber público, vigorosos y naturalistas) y femeninos (deseos privados, pasivas, idealistas). Atendemos a un espacio apriorístico, geométrico y plano y a una reducción del número de personajes. Nuevo concepto de dibujo que renuncia a los efectos de fundido. La luz es artificial y el color uniforme, capaces de crear oposición entre los grupos.
La muerte de Marat, Jacques Louis David. Neoclasicismo (1793). David representa el asesinato de una forma aparentemente objetiva, renunciando a la metáfora y la teatralidad. Marat es un mártir al que David suma una serie de atributos que expresan la grandeza y dignidad de un hombre: integridad, espíritu de sacrificio en cumplimiento del deber y benevolencia con los necesitados. Introduce elementos en contraposición con la villanía de la asesina: la pluma de Marat contra el cuchillo, la benevolencia contra la traición y la vieja era en contrapartida de la nueva. Marat representa a un “nuevo mártir” al que no le recompensa la Gloria sino el reconocimiento de sus contemporáneos y sucesores. Los elementos pictóricos dan una visión de la vida y la muerte: primer plano con escasos elementos de vida y segundo plano oscuro, siendo Marat el paso entre la vida y la muerte. El cuadro funciona como elemento a su persona y como instrumento de propaganda de una determinada política.
El Romanticismo
Oficial de cazadores cargando, Théodore Géricault. Romanticismo (1812). El autor parte de la idea de un caballo encabritado cubierto por una piel de tigre, boceto que buscará adaptar al subgénero de epopeya napoleónica. Así, el artista cambia la actitud del jinete, pasando a formar parte del movimiento agresivo del caballo. Da lugar a un nuevo tema: la representación anónima (universal) del héroe y de la guerra, siendo una escena de la vida moderna que no se corresponde con un suceso histórico ni con la glorificación de un individuo. La agresividad y el movimiento se consiguen gracias a la profundidad espacial que otorga dinamismo. La luz actúa compositivamente dibujando una diagonal que se corresponde con la diagonal del cuadro, contribuyendo al volumen de las figuras. El color permite unificar el conjunto de caballo y jinete a través de azules oscuros, negros y blancos. También mueve anímicamente la imagen y la dota de vida con los tonos rojos del traje del soldado. El autor realiza una pincelada suelta que ayuda a prescindir del contorno.
La balsa de la Medusa, Théodore Géricault. Romanticismo (1818-1819). A la hora de realizar esta obra el autor buscaba un suceso actual que hubiese impactado profundamente en el público. Se decanta por la historia de un naufragio que tuvo lugar en 1816. Buscaba narrar el drama de unos náufragos sobre una barca y, a través de ellos, los de la propia humanidad. Para ganar mayor dramatismo, plasma el momento en el que los supervivientes avistan el barco que más tarde los rescataría, pero que en ese momento no saben si los han visto. Tras varios bocetos, en el cuadro final se recorta el encuadre y el barco al fondo es mínimo. Hay dos diagonales que sostienen la composición y que nos llevan a la ola o a la esperanza (pierde importancia la diagonal del mástil). Las figuras suponen un conjunto, pero sin renunciar a crear cuatro grupos diferentes que, a su vez, forman dos pirámides que tiran hacia lados distintos. La obra representa un esfuerzo sobrehumano por la autoconservación frustrado por una fuerza mayor y el tema sirve para expresar una visión pesimista del destino del hombre frente a una naturaleza hostil. A nivel estilístico supone la culminación del modelado caravaggiesco.
La matanza de Quíos, Eugène Delacroix. Romanticismo (1824). La obra nace en el contexto de la lucha de los griegos por la independencia de los turcos. Para su realización el autor busca toda la información posible para representar una idea general de la multitud de muertos y esclavos. Su objetivo es enseñar a la humanidad las locuras en las que caen los hombres por la pasión. En un primer boceto la obra es de carácter filohelénica, mostrando la guerra desde la mirada de los derrotados y teniendo gran importancia la figura del hombre recostado sobre la mujer. En la obra final pierde protagonismo esta figura al lado de otras que cuentan con un mayor dramatismo y gana importancia la figura del turco a caballo, producto del cambio de percepción del autor sobre los pueblos orientales. Se representa la confrontación de dos formas distintas de entender la vida tras las circunstancias extremas de la guerra. En cuanto a la composición, Delacroix deja el centro vacío, sin núcleo. Nos encontramos con dos líneas horizontales, dos planos; a su vez se mueve entre la planitud y la profundidad a través de diagonales secundarias. En cuanto al color, atendemos a un aclaramiento sustancial de la paleta en busca de mayor luminosidad y naturalismo por influencia de Constable, aunque no lograría el resultado deseado.
La libertad guiando al pueblo, Eugène Delacroix. Romanticismo (1830). Se trata de una obra alegórica (como explicitaba su título original) donde la protagonista es la libertad, entendiendo esta como la paz e independencia para la nación. Destaca el simbolismo de la luz para hablar del triunfo de la revolución. Dicha luz la traería la libertad, jugando con el tema de encuadre de la divinidad luminosa. A nivel compositivo vuelve a la estructura clasicista triangular, que nos lleva al referente de Guerin con Eos y Céfalo. En cuanto a los personajes que siguen a la libertad tenemos al golfillo parisino, al dandi, el bonapartista, los artesanos que aparecen difuminados tras la Libertad o la campesina que se levanta jurando fidelidad. En un primer plano aparecen cadáveres con las figuras de un sans-culotte (primera revolución) y de un guardia suizo (Restauración), en referencia a que ambos caminos llevan a la muerte. A nivel cromático compone una sinfonía de azules, rojos y blancos, colores de la bandera francesa (patriotismo). El modelado es muy contrastado, jugando con una zona de luz y otra de sombra y consiguiendo contraposiciones entre blanco y negro.
El Realismo de Gustave Courbet
La sobremesa en Ornáns, Gustave Courbet. Realismo (1849). Obra que suscitó un gran escándalo por sus grandes dimensiones y por su tema: es una escena trivial de la vida cotidiana en el campo. Tiene un marcado acento naturalista tomado de Le Nain y La familia campesina, de quien también toma el juego de claroscuros y la paleta pardo-negruzca. Por otro lado, se ve influenciado por Rembrandt en las variaciones de color y en el efecto de atmósfera que unifica personajes y entorno. Un tercer referente es Zurbarán con su luz fría, la materialidad de la vestimenta y el tipo de bodegón. La composición llama la atención por el aplanamiento (las diagonales no llegan a generar profundidad) y la simplicidad (las figuras se representan de manera casual). Los protagonistas dibujan un zigzag (composición en M o W), composición típicamente barroca.
Los picapedreros, Gustave Courbet. Realismo (1849). En esta obra Courbet vuelve a introducir la composición en zigzag (M o W) tal y como había hecho en La sobremesa en Ornáns y añade la caracterización social de los personajes, mostrando una condición miserable con ropas rotas. También añade la captación del instante, no hay pose. Esta obra forma parte del conjunto de tres obras de síntesis de la vida humana en el campo francés: Los picapedreros como parias, Los campesinos de Flagey como campesinos acomodados y Entierro en Ornáns en representación de la burguesía rural.
Entierro en Ornáns, Gustave Courbet. Realismo (1849). Para hablar de la burguesía elige el entierro por ser una ceremonia típicamente burguesa. El cementerio es un motivo de disputa para con otras clases sociales. Junto con el tema, también resulta escandaloso la forma de plasmarlo por las grandes dimensiones del cuadro que reúne a 40 vecinos de Ornáns. En cuanto a la composición, destaca el efecto de instantánea con personajes que no posan y se evita la frontalidad, así como el efecto de adición por el que las figuras se yuxtaponen sin estar relacionadas entre sí. En cuanto a los personajes se siguen tres grupos: miembros de la Iglesia, hombres y mujeres. También resulta destacable el efecto claustrofóbico por la escasa franja de cielo y la colocación de muchas figuras juntas de gran tamaño, en un espacio aplanado y con gran frontalidad. Para esta composición el autor se sirve de referentes del arte como El Greco o Zurbarán y también de grabados populares como la Escala de las Edades (democratización de las artes). Con respecto a la técnica y el color, causó escándalo por la forma ruda de aplicar el color. También aplica contrastes de blancos y negros ya vistos en el golfillo parisino de Delacroix.
El taller del pintor, Gustave Courbet. Realismo (1855). El autor caracteriza la obra de alegoría en su título completo pese a tratarse de una característica contraria al Realismo. Supone un escándalo por sus grandes dimensiones y el número de figuras que aparecen representadas (30). Esta obra crea numerosas interpretaciones por las figuras que representa, enigma fomentado por una carta de Courbet donde solo aclara ser él la figura central.
Impresionismo y Postimpresionismo
El baño, Edgar Degas. Impresionismo (1886). Estamos ante un interior donde aún perdura la línea de dibujo. Escena de baño con desnudo femenino, tema recurrente en la producción de Degas siendo criticado por la falta de espontaneidad y por sus “bajos instintos”. Él responde considerándose un “retratista del animal humano”, se justifica naturalísticamente por tratarse de una escena cotidiana tomada de la realidad, ser una escena moderna y también frecuente en la estampa japonesa. Formalmente y en cuanto al cuerpo, hay una despreocupación por el rostro y un tratamiento realista del cuerpo. El autor utiliza el lenguaje corporal como expresión de la instantaneidad a través de la visión del lado menos representativo. A nivel espacial tenemos un interior moderno característico por su bidimensionalidad. El espacio es reducido, una figura acuclillada reducida a sí misma y que apenas crea volumen. A mayores, el espacio resulta plano por el uso que se da al color (mismo tratamiento al primer y segundo plano). Se rechaza la perspectiva matemática y se opta por el multiperspectivismo. Gran influencia de la fotografía y de la estampa japonesa. Tradicional en el uso del color (color local). En la técnica se decanta por el pastel.
Naturaleza muerta con frutero, Paul Cézanne. Postimpresionismo (1879). Esta obra es un ejemplo del inicio de la etapa postimpresionista de Cézanne. Aquí la finalidad de su obra es la pura contemplación visual y desinteresada de la naturaleza, esto es, busca construir una naturaleza paralela, a su vez clara y fiel a la sensación, y con un fin puramente estético. En el caso del bodegón, los objetos aparecen dispares entre sí, colocados al azar, sin que actúe la mano humana y como una mera composición artística. A nivel formal y compositivo aplica el método conocido como construcción cézanniana que buscaba descubrir la estructura interna de los objetos a partir de formas geométricas (cilindro, cono y esfera). Sobre los objetos aplica el multiperspectivismo y los dispone sin esquemas preconcebidos. Se usará el propio color para representar los efectos lumínicos y atmosféricos. El resultado es un conjunto armónico y equilibrado al aplicar a todos los objetos el mismo tratamiento.
La visión después del sermón, Paul Gauguin. Postimpresionismo (1888). Es la representación de una visión que las cristianas tienen al salir de oír el sermón de Jacob y el ángel. Se trata de una representación de la imaginación que, junto con la influencia de las culturas primitivas, no discierne entre real e irreal. Se aplica el multiperspectivismo en referencia a la memoria. No diferencia entre natural y sobrenatural, real y ficticio. Los colores son puros y remiten al primitivismo. Se enfatiza el carácter decorativo y la bidimensionalidad. El volumen lo da la descomposición de los colores que provoca armonía.
El Fauvismo de Henri Matisse
Lujo, calma y voluptuosidad, Henri Matisse. Fauvismo (primeros años, 1904). El título es influencia del poema Invitación al viaje de Baudelaire. Influencias a nivel temático de Cézanne y de los simbolistas, junto con una pincelada de tipo puntillista y una línea de dibujo con un protagonismo destacado a la hora de definir las formas. Utiliza una gama cromática amplia junto con sus respectivas tonalidades (el color aún no es plano). Esta línea de dibujo y la gama cromática amplia se aplican buscando la armonía. Continúa existiendo una sensación de profundidad espacial generada por la disposición de las figuras y de los elementos accesorios del paisaje (las figuras forman un aspa y también la línea de costa va hacia el fondo).
La ventana abierta, Henri Matisse. Fauvismo (primeros años, 1905). En esta obra encontramos una mayor simplificación (ej.: barcos sugeridos con manchas). Crea dos ámbitos: interior y exterior de la habitación, cambia la luz y la pincelada según la zona (pincelada suelta fuera, pincelada diluida dentro). El color es más estridente, pero aún no es totalmente plano. Existe una ligera sensación de profundidad espacial debido a las diagonales de las contraventanas y a la disposición de los objetos.
Retrato de Madame Matisse, Henri Matisse. Fauvismo (primeros años, 1905). Simplificación del rostro que enlaza con el primitivismo, primitivismo que toma de Gauguin. La línea negra dibujaría los trazos fundamentales. Dentro de la línea de contorno aplica el color, con una gama cromática más reducida que en sus obras anteriores y logrando con su distribución que los colores resulten armónicos. A su vez, los colores son aplicados en grandes zonas, aun con cierta graduación tonal.
La alegría de vivir, Henri Matisse. Fauvismo (años de plenitud, 1906). En esta obra observamos influencia de Gauguin y de las odaliscas de Ingres (figuras curvas). La línea de dibujo crea las figuras con proliferación de líneas curvas (efecto de sensualidad y dinamismo). Contraste cromático entre el centro y los extremos, siendo más luminosas en el centro y más brillantes, y oscuras en los extremos, provocando así una composición centrífuga (las fuerzas se dirigen al centro del cuadro). Línea y color unifican figuras con el paisaje y logran un efecto decorativo.
La habitación roja, Henri Matisse. Fauvismo (años de plenitud, 1908). En esta obra observamos cómo avanza en el proceso de síntesis. La sensación de profundidad espacial es mínima, siendo la parte derecha del cuadro totalmente plana. La línea de dibujo es orgánica, curva. Aquí el color es ya plano. Grado sumo de decorativismo: las formas del mantel se proyectan en la pared. La composición está acotada espacialmente, solo nos deja ver una porción de la realidad.
La danza y La música, Henri Matisse. Fauvismo (años finales, 1910). En estas obras Matisse logra el mayor grado de síntesis de su obra, buscando el potencial expresivo de los elementos fundamentales de la pintura (línea, color y pintura). Línea simplificada que dibuja los cuerpos y sugiere el paisaje. La gama cromática se reduce a rojo, verde y azul. El color es totalmente plano. Las composiciones son antagónicas desde el punto de vista del movimiento: La danza es dinámica a través de la colocación de figuras y los movimientos que realizan (líneas ascendentes, descendientes y diagonales), mientras que La música es estática (las figuras aparecen ancladas en su posición). En el caso de La danza la composición tiene que ver con el tema, en el caso de La música pretende emular notas en un pentagrama musical.
El Expresionismo Alemán
Cuatro bañistas, Kirchner. Expresionismo alemán (1909). Obra relacionada con la primera etapa artística del grupo El Puente, del que formaría parte Kirchner. Se caracteriza por los temas relacionados con bañistas y naturaleza. Las formas son aristadas y perpendiculares que generan agresividad y tosquedad. En cuanto al color, tiene influencia de la gama cromática de Matisse. La composición es dinámica.
La calle, Kirchner. Expresionismo alemán (1913). Obra relacionada con la segunda etapa artística del grupo El Puente del que formaría parte Kirchner. Se caracteriza por las formas más aristadas y las caras como máscaras. Los colores son más brillantes y contrastados. Los puntos de vista son forzados y las imágenes deformadas.
Caballo en un paisaje, Franz Marc. Expresionismo alemán (1910). Influencia del Fauvismo a nivel de línea y color, que le atraen no por lo que representa, sino por lo que transmite. La línea es difusa y sinuosa. En cuanto al color, tenemos cierta gradación tonal, cuenta con un carácter arbitrario y un sentido simbólico: asocia el color azul con el género masculino (grave y espiritual), el amarillo al género femenino (alegre y sensual) y el rojo a la materia (permite que las cosas vivan). Estos códigos personales dan sentido a la obra. Mediante la línea y el color hermana las formas de animal y naturaleza, a la vez que busca transmitir sensaciones (bienestar, armonía).
La vaca amarilla y Grandes caballos azules, Franz Marc. Expresionismo alemán (1911 y 1912). Comienza a apartarse del Fauvismo. La línea es más clara, separando los campos de color. El color es arbitrario, tiende a un color más plano, puro y potente. Mediante la línea y el color pretende uniformar animales y naturaleza y transmitir sensaciones. Las composiciones son algo más dinámicas gracias a las líneas que dibuja (curvas, espirales, diagonales).
La lluvia y Formas luchando, Franz Marc. Expresionismo alemán (1912, 1914). Influencia de otros movimientos (Cubismo en La lluvia y Futurismo en Las formas). Hay una fragmentación, una descomposición de la imagen hasta llegar casi a la abstracción que en el primer caso sería impulsado por el propio tema (lluvia cayendo) y en el segundo es el propio título el que nos habla de entes abstractos. Vemos cómo el cuadro es cada vez más un objeto y que no es preciso representar las imágenes que vemos a través de los sentidos para transmitir sentimientos. Las líneas son nítidas y claras, los colores planos y las composiciones mucho más dinámicas.
Improvisación 12 (Caballero), Kandinsky. Expresionismo alemán (1910). Se incluye en el segundo momento de la trayectoria del artista. Todavía es un arte representativo, aunque ya muestra un título musical y es más esquemático. Distinguimos líneas, colores y manchas. Hay líneas rectas y líneas ondulantes, ambas con un valor distinto. La composición es dinámica.
Sin título, Kandinsky. Expresionismo alemán (1910). Se incluye en el tercer momento de la trayectoria del artista. Se trata de su primera acuarela abstracta, no representa nada. Es el arte en sí mismo, no representativo. Círculos a manera de notas musicales.
Pablo Picasso y la Evolución del Cubismo
Viejo ciego con niño, Pablo Picasso. Etapa azul (1903). Esta obra sirve para ejemplificar la etapa azul de Picasso. Los detonantes del inicio de esta etapa son: el redescubrimiento del Greco y el suicidio de su amigo Carlos Casagemas. Predominan los personajes solitarios y marginados, dominados por la tristeza y la miseria. La obra cuenta con un fuerte carácter melancólico enfatizado por figuras alargadas y expresivas en espacios mínimos y ambiguos. Hay un predominio del dibujo y de tonalidades azules. Otras obras que sirven de ejemplo para esta etapa son: La muerte de Casagemas, donde aún mantiene el tipo de pintura de Van Gogh; El entierro de Casagemas, que bebe del Greco para su composición; o La vida.
Acróbata con balón, Pablo Picasso. Etapa rosa (1905). Esta obra sirve para ejemplificar la etapa rosa de Picasso, etapa que comienza tras conocer a F. Olivier y su visita a la exposición de Cézanne en 1904. Aquí, predominan los personajes circenses y las escenas intimistas, donde desaparece un poco la melancolía y existe una cierta ternura. Las figuras son más simplificadas y se acompañan de formas geométricas. Atendemos a un espacio ambiguo. Predominio del dibujo con una línea negra que remarca las figuras y deforma progresivamente los rasgos. Utiliza la técnica del plumeado y, en cuanto a los colores, predominan los tonos pastel (rosa, azul). Otras obras que también ejemplifican esta etapa son: Familia de acróbatas con mono, Familia de saltimbanquis o Madre e hijo.
Mujer peinándose, Pablo Picasso. Etapa rosa (1906). Esta obra formaría parte del momento del cambio en la etapa rosa de Picasso tras su visita a una exposición sobre cultura ibérica en el Louvre y la influencia del arte africano. Es por ello por lo que, pese a incluirse dentro de la etapa rosa, se caracteriza por una menor estilización y una mayor volumetría, con figuras monumentales y con una nueva tipología facial. El espacio continúa siendo ambiguo. Los colores tienden a una tonalidad más cálida con ocres y marrones que le otorgan un sentido mural.
Las Señoritas de Avignon, Pablo Picasso. (Otoño 1906 – primavera 1907). Entre otoño de 1906 y la primavera de 1907, Picasso se recluye en su estudio para hacer síntesis de los años anteriores, teniendo como resultado esta obra. Cuenta con numerosos bocetos, habiendo en el primero una fuerte dosis de narración donde se identifica la plasmación de un prostíbulo. En los bocetos posteriores se suprime esta narración. En la obra final observamos la influencia de Cézanne (geometrización, plumeado, gama cromática) y de los años de Gósol con el primitivismo y los tonos ocres que le otorgan un sentido mural. Podemos observar cómo dentro del cuadro hay una evolución: dos mujeres cuya posición es clásica pero su rostro remite a la escultura ibérica, el arrepentimiento en la figura de la izquierda (pinta por encima de lo hecho anteriormente) y la máscara africana claramente visible en las mujeres de la derecha. Otra novedad es la democratización de la pintura, esto es, todo recibe el mismo tratamiento (mismo color, misma intensidad de luz…). Se expone por primera vez en el Bateau Lavoir, ejerciendo especial impacto en Braque (creador del Cubismo junto con Picasso).
Desnudo con velos, Pablo Picasso. Protocubismo (1907- 1908). Esta obra sirve como ejemplo de lo que sería el Protocubismo que desarrollarían Picasso y Braque y que partiría del lenguaje de Cézanne. Se caracteriza por la geometría a través de las facetas, que son figuras geométricas casi puras, delimitadas por una línea, rellenas con un color y yuxtapuestas. Las facetas descomponen las formas en múltiples puntos de vista, de luz y de geometría, dando la sensación de un volumen con muchas visiones. Destaca la técnica de plumeado y la reducida paleta de colores (azul, verde, marrón). Asistimos a una progresiva desaparición de la anécdota (aquí aún tenemos el velo, que implica narración). Esta obra también sirve de ejemplo para observar los experimentos iniciales con el dinamismo, que pronto abandona. Otras obras que sirven de ejemplo del Protocubismo son: Tres mujeres, Mujer del abanico o Mujer con peras.
Retrato de Ambroise Vollard, Pablo Picasso. Primer cubismo analítico (1910). Esta obra nos serviría para ejemplificar la primera etapa del Cubismo analítico. El Cubismo analítico se caracterizaría por las facetas pequeñas que descomponen la imagen, la tendencia a la monocromía (esto nos llevaría a su vez a la bidimensionalidad) y la progresiva dificultad para reconocer lo representado, esto es, primero una evolución para luego hacer “vuelta atrás”. En esta primera etapa predominan los elementos miméticos y el título de la obra aún no es imprescindible para entender la misma. Otras obras que ejemplificarían esta etapa son: Mujer sentada en un sillón o Retrato de Kahnweiler, ambas de 1910.
El guitarrista, Pablo Picasso. Cubismo analítico avanzado (1910). Esta obra nos serviría para ejemplificar la etapa avanzada del Cubismo analítico. El Cubismo analítico se caracterizaría por las facetas pequeñas que descomponen la imagen, la tendencia a la monocromía (esto nos llevaría a su vez a la bidimensionalidad) y la progresiva dificultad para reconocer lo representado, esto es, primero una evolución para luego hacer “vuelta atrás”. En el Cubismo analítico avanzado la síntesis es total, manteniéndose las facetas. A su vez, el título es imprescindible para entender la obra y se aproxima a la abstracción.
El aficionado, Pablo Picasso. Cubismo hermético (analítico) (1912). Esta obra nos serviría para ejemplificar la etapa hermética dentro del Cubismo analítico. El Cubismo analítico se caracterizaría por las facetas pequeñas que descomponen la imagen, la tendencia a la monocromía (esto nos llevaría a su vez a la bidimensionalidad) y la progresiva dificultad para reconocer lo representado, esto es, primero una evolución para luego hacer “vuelta atrás”. En esta etapa hermética dentro del Cubismo analítico, se produce una vuelta a la mímesis mediante elementos que ayudan a la identificación, trampantojo, concepto y la introducción de caracteres alfanuméricos (se busca crear un lenguaje). Todo es pintura. Otro ejemplo de este Cubismo hermético lo encontramos en Violín Jolie Eva de 1912.
Naturaleza muerta con rejilla, Pablo Picasso. Cubismo sintético (1912). Esta obra sirve para ejemplificar los inicios del Cubismo sintético, el cual tiene su origen en el Cubismo hermético y el collage. Esta obra es considerada el primer collage. Para su realización el autor se sirve de elementos extrapictóricos planos que pega en la pintura; así, el elemento extrapictórico pierde su significado original y adquiere otro nuevo dado por el artista. La cuerda desempeña dos funciones: critica el arte burgués y sirve de contorno para la mesa. Por otro lado, cuando el hule se incorpora a la obra se convierte en la reja de una mesa (el significante pierde su significado). Finalmente, en el propio bodegón hay un ejemplo de Cubismo hermético, son elementos reconocibles y aparecen letras (JOU).
Retrato de hombre azul, Pablo Picasso. Cubismo sintético (1912). Esta obra sirve para ejemplificar las principales características del Cubismo sintético, el cual tiene su origen en el Cubismo hermético y en el collage. Se caracteriza por el interés en la forma, lo que se traduce en el estudio del aspecto de lo representado, el volumen y la luz-sombra mediante códigos nuevos que ya no responden al lenguaje de Cézanne. Así, el Cubismo sintético funciona como un lenguaje con sus propios códigos y que se puede leer e interpretar. Los signos que utiliza este lenguaje son: formas reducidas a síntesis geométricas (desaparecen las facetas), mayor presencia del color y ausencia del plumeado y, finalmente, distintas realidades pictóricas y extrapictóricas. A su vez, estos signos se codifican adquiriendo un significado a mayores del significado “óptico”. A mayores, se produce una relativización del espacio y el tiempo. Estamos ante todo un arte conceptual. Otras obras que ejemplifican el Cubismo sintético son: Botella de Vieux Marc, copa y periódico, Periódico, copa, violín y botella o Violín y partitura.
Arquitectura y Urbanismo: Del Clasicismo a la Modernidad
Arquitectura Neoclásica
Panteón de París, Soufflot. Transición del Barroco al Neoclasicismo (1764). A la hora de realizar la iglesia, Soufflot tiene en cuenta la tradición arquitectónica francesa teniendo en cuenta la Iglesia de los Inválidos como referente para la planta. Así, el resultado para la planta es la combinación de planta de cruz griega con la planta de las basílicas latinas. A nivel de alzado en el exterior sustituye el frente de órdenes superpuestos y se decanta por un peristilo que ayuda a destacar la cúpula. Se recupera la estructura del Panteón de Roma y el papel de la columna como elemento sustentante mientras que predomina la horizontalidad. En 1777 un cambio en la cúpula hará que las diferentes partes del edificio comiencen a tener autonomía y valerse por sí mismas.
Teatro del Odeón, Marie-Joseph Peyre y Charles de Wailly. Neoclasicismo (1779-1782). Su exterior sería realizado por Peyre y el interior por Wailly. El proyecto pasa por varios bocetos donde ya queda presente la tendencia a formas puras. Finalmente, se caracterizaría por la sobriedad marcada por los dos bloques geométricos que lo conforman (cuerpo y pórtico) y una clara horizontalidad que otorgan las molduras que separan los distintos pisos. La decoración se limita al pórtico, que se caracteriza por no tener frontón, y al almohadillado (valoración del material).
Barrières de París, Ledoux. Neoclasicismo (1784-1789). Esta obra reuniría las características de sobriedad y valoración del material. La empresa de recaudación de impuestos levantaría una muralla alrededor de la ciudad de París, siendo Ledoux el encargado de sus puertas, denominadas por él mismo como los Propíleos de París. Así, elaboraría en ellas una reinterpretación del vocabulario clásico que juega con la idea del Partenón (pórtico y rotonda) y que ahora se transforma en cuatro pórticos con una rotonda sobre un basamento prismático (estabilidad). Además, cuenta con un reducido tamaño y con soportes en forma de pilastras troncocónicas, que le otorgan un carácter más tosco y rudo asociado a las aduanas (remite a la función del edificio).
Cenotafio de Newton, Boullée. Neoclasicismo (1784). Se trata de uno de los ejemplos de arquitecturas utópicas o visionarias. Lleva hasta las últimas consecuencias los principios del Racionalismo y la Ilustración, que muestran el mundo antiguo como un modelo de virtud. Se trata de un cenotafio, un lugar funerario que mostraría su carácter a partir de la presencia de cipreses y que, a través de la forma cilíndrica, haría referencia al universo (Newton). Cuenta con un carácter monumental.
Castillo de la Bagatelle, Bélanger. Neoclasicismo (1777). Se trata de otro ejemplo de la concepción arquitectónica seguidora de los principios neoclásicos. A caballo entre la poética de la sobriedad y la poética de la gracia. La decoración es más propia del Rococó por las formas naturales y el tipo de colores que utiliza.
Iglesia de la Magdalena, Vignon. Neoclasicismo empírico (1807-1828). Sigue la tipología de templo y cuenta con unas dimensiones colosales (más grande que la Catedral de Santiago). El repertorio clásico le permite centrarse en los problemas de distribución y en los técnicos (problema de estabilidad debido a sus grandes dimensiones).
Urbanismo Utópico y Planificación del Siglo XIX
Falansterio, Charles Fourier. Urbanismo utópico (1820-1836). Ciudad pensada para el último de los siete períodos en los que se divide la historia: la Armonía. El falansterio sería el marco que favorecería el desenvolvimiento de esta nueva organización social. Cada ciudad sería un sistema autónomo de residencia y producción que daría cabida a unas 2000 personas y las abastecería con sus propios recursos industriales y agrícolas. Cada uno contaría con un pabellón central y dos alas: el pabellón central acogería servicios como comedores públicos o bibliotecas, en una de las alas se reunirían los servicios más ruidosos (talleres) y las familias se hospedarían en los pisos superiores. Hay patios y calles interiores cubiertas que favorecerían la comunicación. La idea de falansterio fracasa en Francia, aunque sí hubo una variante de Godin, el familisterio. Sobre 1840 se desarrollan varios en Estados Unidos, pero apenas tres sobrevivieron más de dos años.
New Lanark y New Harmony, Robert Owen. Urbanismo utópico. A finales del s. XVIII, David Dale construyó unas fábricas de algodón en New Lanark (Escocia), así como residencias para los obreros. Años después las vendió a su yerno, Robert Owen, quien decide mejorar la situación de los trabajadores. New Lanark se convierte así en una ciudad obrera de 3000 habitantes. En 1825, adquiere en Indiana (EE. UU.) una ciudad que había sido fundada años antes por la Harmony Society para crear una ciudad utópica, rebautizándola como New Harmony. En este caso, su experimento fracasa pocos años después. Todas estas propuestas combinan naturaleza y urbano, agricultura e industria, en una ciudad autónoma (24, 25, 26, 27).
Ciudad Lineal, Arturo Soria. Urbanismo utópico (1890). Procuraba converger zonas verdes, residencias y áreas productivas atravesadas por una calle con los servicios necesarios y donde se uniría la vida burguesa y la obrera. Se uniría a través del ferrocarril con los núcleos urbanos preexistentes en Madrid. A diferencia de los utópicos, para construirse se crea la Compañía Madrileña de Urbanización que se encargaría de que las personas adquirieran terrenos y que así el proyecto triunfase. A nivel estilístico combina los estilos del momento: los neos y el Modernismo. Tiene influencias fuera de España como la extensión de Pampus (Ámsterdam). Todas estas propuestas combinan naturaleza y urbano, agricultura e industria, en una ciudad autónoma.
Ciudad Jardín, Ebenezer Howard. Urbanismo utópico (1898). Tiene su origen en las Garden Cities or To-morrow, donde propone la creación de una ciudad circular con esquemas radiales que estarían unidos por un núcleo también circular donde habría un espacio para actividades culturales y un palacio de cristal. Cerca del núcleo central de cada ciudad se encontrarían las viviendas de estilo cottage y en las zonas exteriores las fábricas. También se dedicaría una zona exterior a la agricultura, combinando nuevamente agricultura e industria en ciudades independientes. Las ciudades jardín se unirían por un ferrocarril. El concepto de ciudad jardín se extiende a partir de 1913 con diversas variantes pero que mantendrían la densidad de población media o baja, la presencia de zonas verdes y cierto pintoresquismo.
Plan Cerdá, Ildefonso Cerdá. Planteamiento urbanístico s. XIX (1859). Es un ejemplo paradigmático sobre la ampliación de ciudades preexistentes a través de ensanches. Los ensanches son fragmentos de ciudad yuxtapuestos a la ciudad preexistente y que responden a un plan preconcebido que le otorga un trazado regular u ortogonal.
Park Movement, Bryant y Dowing. Urbanismo s. XIX (1857). El trazado por antonomasia de las ciudades estadounidenses es ortogonal, lo cual tiene una serie de contras como que carecen de centros, son impersonales y carecen de espacios verdes. Es por ello por lo que en el s. XIX surgen movimientos para mejorar estas condiciones, destacando el Park Movement en Nueva York por Bryant y Dowing. Proclaman la necesidad de la creación de un gran parque público, dando lugar al Central Park. En 1857 se convoca el concurso para elegir el diseño que ganaría el paisajista Olmsted. A partir de esto se reivindican parques públicos en otras ciudades.
Plan McMillan. Urbanismo s. XIX – XX (1902-). Surge como consecuencia del City Beautiful Movement cuyo punto de partida se encuentra en la Exposición Colombina de 1892, para la cual se diseñó la llamada “Ciudad blanca”, un conjunto de edificios que ocupaban 278 hectáreas frente al lago Michigan y que contaban con impresionantes fachadas clasicistas. El movimiento trae consigo un interés hacia las referencias historicistas europeas, pero también el deseo de mejorar las ciudades con la incorporación de un centro cívico, parques y grandes bulevares. La primera ciudad en aplicar un diseño inspirado por este movimiento será Washington en 1902 con el Plan McMillan y la actuación en el National Mall. Así se intervino en la explanada del capitolio estrechando la franja vegetal central para hacer edificios historicistas y estanques.
La Escuela de Chicago
Primer edificio Leiter, William Le Baron Jenney. Escuela de Chicago (1879). Se trata de una de las primeras obras de la Escuela de Chicago, a veces no considerado rascacielos porque aún tiene hierro. Cuenta con una gran altura siendo cinco pisos inicialmente al que se le suman dos. Introduce la comunicación vertical por medio de ascensores. Tiene un recubrimiento ignífugo de la estructura que se compone de un esqueleto metálico de piezas prefabricadas que permiten tener poco muro y abrir ventanas.
Home Insurance Building, William Le Baron Jenney. Escuela de Chicago (1885). Es el primer rascacielos con parte del armazón de acero. Cuenta con diez pisos (zócalo, cinco pisos con armazón de hierro fundido y los cuatro superiores de acero). El recubrimiento es de ladrillo refractario. Tiene puntuales citas historicistas que no impiden una clara identificación entre estructura portante y cerramiento exterior. Deja la estructura a la vista.
Almacenes Marshall Field, Richardson. Escuela de Chicago (1885-1887). Otra tendencia dentro de la Escuela de Chicago con citas neorrománicas: potencia volumétrica y uso de arcos de medio punto. A mayores, deja los sillares sin cubrir, resultando un efecto tosco. Recubre la estructura con una epidermis de carácter historicista.
Auditorio de Chicago, Sullivan. Escuela de Chicago (1887). Sigue el lenguaje de los Almacenes Marshall Field (citas neorrománicas, arcos de medio punto), pero abocinando el arco y duplicando el número de volutas.
Edificio Wainwright, Sullivan y Adler. Escuela de Chicago (1890). Se construye en San Luis, el rascacielos es una emulación de una columna. Cita clasicista combinada con otras citas (capiteles de decoración modernista con elementos vegetales; óculos de Sullivan).
Arquitectura Funcionalista y Moderna
Caja postal de Ahorros de Viena, Otto Wagner. Funcionalismo (1904-1906). Esta obra supone un ejemplo muy representativo de la puesta en escena de los ideales teóricos básicos de Wagner: adecuación funcional, simplificación compositiva y honestidad constructiva. Siguiendo esta línea, observamos una simplificación en el exterior dado que la decoración se concentra en la zona superior de la fachada. Destaca en las fachadas el revestimiento de capas de mármol con pernos, en línea con la honestidad constructiva. Los pernos solo son necesarios mientras se adhieren las placas de mármol, una vez adheridas se podrían retirar, pero Wagner decide dejarlas para demostrar que lo que reviste a las fachadas son placas finas y no bloques. A mayores, esto da una sensación de ligereza (característica de la arquitectura moderna). En cuanto al interior, el espacio más destacado es la Sala de Operaciones que responde a una estructura basilical cubierta de una estructura de vidrio que parece flotar.
Casa Loos, Adolf Loos. Funcionalismo (1910-1911). Obra en la que Loos pone en práctica sus ideas de total desornamentación y economía. Las aristas quedaban al aire, las ventanas son huecos sin molduras en la pared y la propia cornisa es sencilla. Estas características se asociaban a las fábricas de tela y a las casas de los obreros, por lo que fue muy criticado. A mayores, la Casa se construyó en la zona elitista de Viena, rompiendo totalmente con el contexto en el que se insertaba.
Casa Müller, Adolf Loos. Funcionalismo (1930). En esta obra Adolf Loos sorprende con el Raumplan (“planta en el espacio”), donde propone un sistema de organización interna, consistente en crear, dentro de un volumen regular, distintos espacios de dimensiones diferentes (tanto en tamaño como en altura) en función de su importancia y colocados a distintos niveles, articulados mediante gradas y escaleras. Es decir, sigue una jerarquía motivada por la función.
Viviendas de la calle Franklin de París, August Perret. Funcionalismo (1902-1905). Perret crea un esqueleto de vigas y pilares que de cara al exterior se traducen en una suerte de pilastras y arquitrabes. Se diferencian dos elementos de soporte: los ventanales y los relevos cerámicos con motivos vegetales que quedan entre los huecos del esqueleto. El autor diferencia claramente elementos de soporte y elementos soportados.
Maison Domino, Le Corbusier. Funcionalismo (1914). Este proyecto es formulado por el joven Le Corbusier cuando aún trabajaba en el estudio de Perret. Fue pensado ante las grandes devastaciones que comenzaba a causar la guerra con el fin de que si se destruía fuera fácil de reconstruir. Se basa en seis pilares de hormigón armado que sostienen la plancha de hormigón. Del mismo modo, los pilares no llegan justos a los ángulos para no condicionar cómo se iba a cerrar la fachada ni tampoco el interior. Se permite así una libre disposición de planta y de fachada y se facilita la seriación y, como consecuencia, la economía.
Fábrica de turbinas AEG, Peter Behrens. Funcionalismo (1908-1909). Behrens había sido contratado por la Compañía eléctrica AEG como consejero artístico, motivo por el que llega a diseñarles edificios como este. Aquí combina soluciones funcionales con guiños clasicistas. Por un lado, recuerda al templo por el “peristilo de columnas” y por el frontón poligonal a modo de tímpano. Estas cuestiones le dan un aspecto monumental y lo presenta como un templo de la industria. En cuanto al aspecto funcional, es una planta muy alargada que recibe luz natural gracias a los paneles de vidrio de las fachadas laterales. A mayores en las esquinas hay un revestimiento de hormigón que potencia la monumentalidad, pero no sustentan.
Faguswerk, Gropius. Funcionalismo (1911-1913). Ejemplo de la “fábrica tipo” introducida por Gropius en la Alemania del s. XX. Esta fábrica es moderna y funcional, por lo que ya no se busca la monumentalidad, se pierden las citas historicistas y se gana en ligereza. El acristalamiento es mucho más continuo y se revela al exterior la estructura interna del edificio, en línea con la honestidad constructiva de Wagner (ej.: las bandas horizontales marcan al exterior los pisos en los que se divide la fábrica). El muro se convierte en un simple elemento de cierre, de modo que tenemos un incipiente muro-cortina. En 1914 Gropius y Meyer presentan en una exposición en Colonia la Fábrica Modelo donde desarrollan en mayor medida ese vocabulario de vidrio y transparencia.
Casa Schröder, Rietveld. Neoplasticismo (tendencia racionalista, 1924). En esta obra se lleva a la práctica la teoría del Neoplasticismo basada en una nueva investigación espacial. Busca descomponer el espacio en partes bidimensionales para ir hacia formas abiertas. Es una arquitectura ligera, transparente y que elimina las técnicas tradicionales. De este modo, se produce una ruptura con la caja espacial tradicional y una ruptura de los límites interior-exterior al jugar con planos entrantes y salientes. Se gana sensación de ligereza.
Edificio de la Bauhaus de Dessau, Gropius. Funcionalismo (1925). Para formular el edificio se tienen en cuenta las actividades que se realizan en ella, por lo que la maqueta ya refleja unas partes diferenciadas con entrada independiente y que responden a los principios de geometría, desornamentación y nuevos materiales. En las zonas de taller se aplicaría el muro cortina ya visto en la fábrica tipo. El resto de las zonas diferenciadas estarían unidas a su vez. La planta es en doble L, que le da un carácter abierto y un sentido dinámico. El edificio se completaba con viviendas para el director y los profesores que respondían a la tendencia del Neoplasticismo.
Villa Saboya, Le Corbusier. Funcionalismo (1929). Esta obra recoge los cinco puntos de la arquitectura moderna: el uso de pilotis (soportes cilíndricos que separaban el edificio del terreno), las terrazas-jardín con las que gozar de la vista y la vegetación, la planta libre, la ventana corrida que facilitaba la total iluminación y la fachada libre, para abrir vanos sin la limitación de los muros de carga.
Pabellón Nacional de Alemania, Mies van der Rohe. Funcionalismo (1929). Fue realizada para la exposición internacional de Barcelona de 1929. Con ella, Mies quería mostrar el progreso y modernidad del país, siendo un objeto de exhibición en sí mismo. Se compone de dos filas de cuatro soportes que sostienen el techo y, a la vez, bajo el techo aparecen otros planos verticales que se proyectan por todo el espacio y en distintas direcciones. El resultado es un volumen que no constituye una forma geométrica, sino una suma de planos verticales y horizontales. Así, desarrolla tres puntos: enfatiza la diferencia entre elementos sustentantes y sustentados, diferencia los materiales y desarrolla el espacio fluido interconectando las partes.
