Definición y Desarrollo de la Autoestima: Factores Clave
Definición de Autoestima
Para abordar el tema de la autoestima, en primer lugar, se hace necesario contar con una definición de la misma. En la actualidad, son muchos los autores que se refieren a este tema, generando una gran variedad de definiciones.
Definiciones de Autoestima según Diversos Autores
- Real Academia Española (RAE): Valoración generalmente positiva de sí mismo.
- Calero (2000): «El valor que nos asignamos a nosotros mismos y tiene que ver con qué tanto nos aceptamos, cómo somos y qué tan satisfechos estamos con lo que hacemos, pensamos o sentimos. Esto, a su vez, está relacionado con el grado en que creemos que tenemos derecho a ser felices y cuánto respetamos y defendemos nuestros intereses. Proviene de saberse querido y respetado por los demás, así como de sentirse competente, es decir, tener confianza y seguridad, lo cual ayuda a hacer la vida más agradable y facilita la consecución de las metas propuestas.»
- Soto (2003): «El concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que vamos recogiendo a lo largo de toda nuestra vida. Nos permite desarrollar la habilidad de establecer nuestra identidad y darle su valor. A partir de ello, podemos proponernos metas y alcanzarlas.»
- Ramírez (2004): «De no mediar anomalías, todas las personas tenemos una cierta conciencia de nuestras características, tanto positivas como negativas. Y en función de ellas establecemos juicios de valor. Nos apreciamos o nos despreciamos, nos valorizamos o nos desvalorizamos. El componente efectivo, evaluativo, que acompaña a la opinión que tenemos de nosotros mismos se llama Autoestima.»
En consecuencia, podemos afirmar que la autoestima es el concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida; creemos que somos listos o tontos, nos gustamos o no. Los millares de impresiones, evaluaciones y experiencias así reunidos se juntan en un sentimiento positivo hacia nosotros mismos o, por el contrario, en un incómodo sentimiento de no ser lo que esperábamos.
Elementos que Componen el Desarrollo de la Autoestima
Con referencia a los elementos que componen el desarrollo de la autoestima, Céspedes (2003) identifica los siguientes:
- Aceptación de sí mismo: Implica percibirse como un ser que vale, que desarrolla la capacidad de distinguir y enfrentar las situaciones adversas y negativas, como la marginación social y algunos conflictos familiares, que inciden negativamente en la construcción de su autoimagen positiva.
- Confianza y aceptación básica: Surge de las adecuadas relaciones que se establezcan entre el individuo, su familia y un medio que le permita sentirse cómodo y seguro.
- Autonomía: Afirmamos el derecho del niño y el adolescente a ser orientados para valerse por sí mismos en diferentes circunstancias de la vida, lo que implica desarrollar su capacidad de dar y pedir apoyo, fijarse normas y cumplirlas, por su bien y el bien del grupo con el que vive y se relaciona.
- Expresión afectiva: El niño y el adolescente que se autoestiman serán capaces de dar y recibir afecto, desarrollando su moral y sensibilidad como energizadores de su vida. Esto les permitirá fortalecer su capacidad comunitaria y reconocerse como seres individuales y sociales.
- Consideración por el otro: Una autoestima positiva y sana no está basada en el egoísmo. Al contrario, ayuda a acercarse a los otros, a respetarlos, a aceptar las diferencias, a ser más tolerante, a cooperar; de esta manera, avanza en su sentido de reciprocidad, superando las dificultades para comprometerse comunitariamente en la construcción de una vida digna para todos.
Cómo se Forma la Autoestima
Está demostrado que todos los seres humanos nacemos dotados de potencialidades físicas, intelectuales, sociales y espirituales latentes. Entre estas potencialidades se encuentra la autoestima.
Sahonero (2004) puntualiza que «el desarrollo de la autoestima depende muchísimo del tipo de interacciones que tengamos con las personas que nos resultan significativas, en particular durante la infancia. Si nuestros padres, compañeros y maestros nos aman, nos sentimos confirmados en nuestro amor propio. Si demuestran fe en nuestro potencial y en nuestra capacidad de desarrollarnos, nosotros también sentimos que podemos hacerlo».
Desde el momento mismo en que somos concebidos, ya comienza la carga de mensajes que recibimos, primero de manera energética y luego psicológica. Los pensamientos y emociones son manifestaciones de energía y, en el organismo, se presentan en forma de reacciones eléctricas y químicas. Cada vez que una mujer embarazada piensa o siente algo con respecto al niño en formación, su cerebro produce una serie de químicos que se esparcen por todo su cuerpo y que la criatura recibe y graba en su naciente sistema nervioso.
El hecho de que alguno de los progenitores, por ejemplo, asuma como un problema la llegada del niño, es captado por éste emocionalmente, y su efecto formará parte del archivo inconsciente del pequeño. Igualmente, cuando ya se ha producido el alumbramiento, todo estímulo externo influirá en el recién nacido y le irá creando una impresión emocional que influirá sus comportamientos futuros.
Yagosesky (1997) sostiene que «los padres y otras figuras de autoridad serán piezas claves para el desarrollo de la autoestima del niño y adolescente, quien, dependiendo de los mensajes recibidos, reflejará como espejo lo que piensan de él y se asumirá como un ser apto, sano, atractivo, inteligente, valioso, capaz, digno, respetado, amado y apoyado o, por el contrario, como alguien enfermo, feo, ignorante, desvalorizado, incapaz, indigno, irrespetado, odiado y abandonado. La forma como nos tratan define la forma como nos trataremos, porque esa es la que consideraremos como la más normal».
La persona va creciendo y formándose dentro del ambiente familiar, que es el principal factor de socialización primaria. Pero la personalidad de cada individuo no sólo se forma a través de la familia, sino también mediante las relaciones externas que establece paulatinamente y lo que cree que los demás piensan de él.
Además de la familia, la interrelación con sus pares es esencial. El grupo de pares ha sido definido de diversas maneras. Hartup (1985) sostiene que el criterio para decidir quiénes son ‘pares’ no es tanto tener la misma edad, sino más bien «el hecho de ser niños que interactúan a niveles comparables de complejidad conductual, con niveles, por tanto, similares de madurez en su desarrollo.”
Con la llegada de la pubertad y la adolescencia, se da la bienvenida a la sexualidad y a la necesidad del joven de encontrarse a sí mismo. Esta etapa es crucial, ya que en ella surgen con fuerza la competencia y el deseo de ser mejor que los demás. El joven experimenta una gran necesidad de aprobación por parte de su grupo cercano.
Las relaciones que se establecen con los compañeros y amigos en la edad escolar influyen de manera decisiva en el desarrollo emocional y social de los niños y niñas.
Importancia de la Autoestima
La vida de los seres humanos es un constante acontecer de vivencias y acontecimientos personales y sociales. En este devenir, podemos llegar a vivir momentos altos y momentos bajos. Nuestra relación social, generalmente caracterizada por cambios vertiginosos y frecuentes, y por una elevada competitividad, nos obliga a permanentes readaptaciones.
Si nuestra valoración es positiva, nuestras respuestas tendrán un buen impacto en el bienestar personal, en el éxito profesional, en las relaciones sociales y en el rendimiento académico. Por el contrario, cuando una persona no logra ser “auténtica” y positiva, puede convertirse en terreno abonado para toda suerte de trastornos psicológicos.
Con relación a la importancia de la autoestima en los aspectos sociales, Barrera (2008) sostiene: “la autoestima es una actitud básica que determina el comportamiento y el rendimiento escolar del estudiante en general. El desarrollo de la autoestima está estrechamente relacionado con la consideración, valorización y crítica recibida por parte de las demás personas; cuando un estudiante fracasa en un área específica del rendimiento escolar, su autoestima será amenazada; en cambio, cuando el estudiante tiene éxito, se siente aprobado, aceptado y valorizado; los sentimientos asociados a esas situaciones de éxito van a ir modificando positivamente las percepciones que tiene de sí mismo”.
Dentro de los aspectos culturales, la importancia que tiene la autoestima en la educación es porque tiene que ver con el rendimiento escolar, con la motivación, con el desarrollo de la personalidad, con las relaciones sociales y con el contacto afectivo del estudiante consigo mismo.
Factores que Afectan la Autoestima
En las interrelaciones de los padres con los niños y adolescentes, es común observar acciones que dañan y maltratan. Céspedes y Valdivia (2003) indican que una de estas acciones que más dañan la autoestima de las personas es la “comunicación atacante”, siendo las más frecuentes las siguientes:
- Expresiones negativas: Con un calificativo, fijamos la condición básica del niño o la niña.
- Expresiones de rechazo: Sin ninguna explicación, se rechaza la presencia del niño o adolescente.
- Falsas generalizaciones: Al no ser verdaderas, subrayan siempre la conducta negativa e ignoran la positiva.
- El trato silencioso: Llamado también “el hielo”, es una forma de rechazo. Deja al niño y el adolescente personalmente afectado, sin alternativa para corregir la falta o mejorar su comportamiento.
- Amenazas vagas o violentas: Los pequeños, cuando son amenazados, toman las cosas literalmente. Los niños mayores saben que realmente no les van a hacer tal cosa. Sin embargo, aunque el adulto no se lo proponga, interiormente reciben el mensaje como si se les dijera “que son malos”.
