Fundamentos del Conocimiento y la Sociedad: Kant y Rousseau
Immanuel Kant: La Crítica de la Razón Pura
Según Kant, dada la rivalidad entre el Racionalismo y el Empirismo, es necesario hacer una crítica de la razón y contestar definitivamente a la pregunta: ¿Qué puedo conocer? Los empiristas llegaron a la conclusión de que no se pueden establecer afirmaciones necesarias a partir de la experiencia sensible, ya que el conocimiento empírico es solo probable. Tampoco las proposiciones de estos implicaban universalidad. Los racionalistas, al prescindir de la experiencia sensible, conducían a errores en el conocimiento. Para abordar esto, Kant escribe su obra cumbre: Crítica de la Razón Pura.
El Fundamento del Conocimiento Verdadero
Kant se cuestionará cómo es posible fundamentar el conocimiento verdadero, pues este es seguro y a partir de él podremos establecer qué condiciones debe tener cualquier otro conocimiento que sea cierto. Las condiciones que hacen posible el conocimiento son dos:
- Las empíricas: Provienen de la experiencia y son concretas de cada ciencia.
- Las trascendentales o a priori: Son anteriores a la experiencia y necesarias para todas las ciencias.
A su vez, Kant clasificará todos los posibles juicios para analizar cuáles son aquellos que necesita la ciencia. Los juicios pueden ser analíticos o sintéticos. Además, estos pueden ser a priori, en los que su verdad se conoce sin recurrir a la experiencia, y a posteriori, que dan un conocimiento nuevo y su verdad depende de la experiencia. Un ejemplo de juicio sintético a priori es “7+5=12”.
La Revolución Copernicana de Kant
La revolución copernicana de Kant consiste en que, si la necesidad y universalidad de nuestros conocimientos no provienen de la experiencia, tenemos que recurrir al sujeto del conocimiento. El entendimiento no es una facultad pasiva que se limita a recoger los datos procedentes de los objetos, sino que tiene un papel muy importante a la hora de configurar la realidad. Kant considera que hay que centrar el proceso de conocimiento en el sujeto, ya que es el objeto el que se amolda a las categorías puras a priori que nos permiten entender la experiencia. A diferencia de lo que habían afirmado los racionalistas y empiristas, Kant afirma que el conocimiento es resultado de la unión entre la razón y la experiencia, ya que todos los conceptos son formados por el entendimiento. Kant estudiará cuáles son las condiciones trascendentales de la razón que posibilitan realizar los juicios y para ello analizará las tres facultades de la razón: Sensibilidad, Entendimiento y Razón.
Las Facultades Trascendentales de la Razón
1. La Sensibilidad
La sensibilidad es la capacidad de recibir de forma pasiva. Dentro de esta, Kant distingue una materia y una forma. La materia es la sensación que el objeto produce en nosotros; en cambio, la forma proviene del sujeto y es aquello que permite que la sensación sea ordenada. Estas formas son las condiciones de posibilidad a priori de los fenómenos, por tanto, sus condiciones trascendentales son las intuiciones puras: el espacio y el tiempo. Las intuiciones puras, además, posibilitan los juicios sintéticos a priori en las matemáticas (el espacio posibilita la geometría y el tiempo la aritmética), por lo que son universales. En resumen, el conocimiento empieza con la experiencia.
2. El Entendimiento
El entendimiento es la capacidad de pensar lo percibido de forma activa, es decir, conocemos el fenómeno cuando lo pensamos por medio de conceptos. Los conceptos, por su parte, si no remiten a una intuición sensible, nos ofrecerán conocimiento vacío. El entendimiento piensa esas intuiciones agrupándolas bajo el concepto de la pluralidad de la experiencia. Si separamos la materia de la forma, obtendremos dos tipos de conceptos: los conceptos empíricos (resultado de generalizaciones a partir de la experiencia) y los conceptos puros (categorías a priori, estructuras que aplicamos a la hora de formular juicios).
3. La Razón
La razón es la capacidad de unificar los juicios del entendimiento haciendo cada vez teorías más generales. Se trata de una facultad que impulsa a los seres humanos a buscar los últimos fundamentos de la realidad, así surge la metafísica, que busca estudiar y conocer las realidades que están más allá de la experiencia. Para ello, la razón aplica las intuiciones de la sensibilidad y las categorías del entendimiento sobre objetos que no son de experiencia, es decir, directamente sobre el noúmeno, y por lo tanto su conocimiento es ilegítimo y lleva siempre a contradicciones.
Para Kant, hay tres ideas puras de la razón:
- El Alma: Mediante esta idea unificamos todos los fenómenos del psiquismo.
- El Mundo: Mediante este unificamos todos los fenómenos de la experiencia bajo la idea de totalidad.
- Dios: Tampoco procede de una intuición, y no puede demostrarse su existencia mediante la categoría de causa.
Según Kant, la metafísica es imposible como ciencia, pues para que un juicio sea científico, su contenido tiene que proceder de la experiencia sensible.
Jean-Jacques Rousseau: Naturaleza Humana y Sociedad
9.1 Problema del Ser Humano (Rousseau)
Rousseau está convencido de la bondad innata del ser humano y del papel negativo de la sociedad en su desarrollo. El hombre es bueno por naturaleza, lo que ocurre es que la sociedad lo corrompe. El paso del estado natural (que en realidad es solo una construcción teórica y no una etapa real en la historia de la humanidad) ha provocado una decadencia del ser humano en la sociedad. Frente a la fe en la razón y la confianza en el progreso, Rousseau creía que la ciencia y la cultura no habían servido para hacernos mejores personas, sino que en realidad nos habían corrompido.
A diferencia de muchos filósofos, Rousseau otorgaba una mayor importancia a los sentimientos y a las emociones que a la razón, puesto que pensaba que los excesos de racionalidad nos habían conducido a una corrupción moral y a una decadencia. El ser humano en estado de naturaleza era libre y feliz; en cambio, la sociedad lo ha transformado en un esclavo, además de ser un ser desgraciado y malo, movido exclusivamente por sus intereses egoístas.
Según Rousseau, el ser humano en estado de naturaleza posee un amor de sí mismo que lo impulsa a sobrevivir. Este instinto está moderado por la piedad, por lo que no implica la necesidad de imponerse a los demás. Pero el desarrollo de la razón y de la sociedad ha corrompido la piedad natural y ha sustituido el amor de sí mismo por el amor propio (egoísmo).
La destrucción del estado de naturaleza tiene su origen en la aparición de la propiedad privada. Ella constituye el origen de las desigualdades entre las personas y de todos los males de la sociedad. Sin embargo, este episodio es inevitable, ya que es imposible retroceder a ese estado de naturaleza en el que los individuos tenían a su disposición lo poco que necesitaban para vivir. Por lo que lo único que está en nuestras manos es la reforma de la sociedad mediante un pacto que garantice los derechos de todos los miembros.
La educación es el medio para conseguir llevar a cabo dichas reformas sociales. Rousseau teoriza sobre ella en su obra Emilio. Puesto que el ser humano es bueno por naturaleza, hay que dejar actuar a la naturaleza. Por ello, propone una educación flexible y abierta, que incentive la espontaneidad y la conciencia crítica, así como la empatía y la capacidad para cooperar con los demás.
Problema de la Sociedad y la Política
Rousseau analiza el tránsito del hipotético estado de naturaleza al estado social como una degeneración producto de las desigualdades sociales que surgen con la propiedad privada. Los cambios en la sociedad capitalista han desplazado valores como la solidaridad, dando lugar al egoísmo. Por ello, hay que analizar esa sociedad que produce infelicidad y egoísmo en el ser humano para encontrar su causa y reformarla.
Para Rousseau, el origen del mal en la sociedad es la desigualdad, fruto de la propiedad privada que, al surgir, produjo que los hombres acabaran siendo socialmente desiguales, pues unos empezaron a atesorar privilegios frente a otros. Para reformarla, Rousseau propone un Contrato Social, que trata de establecer las bases para un pacto social justo, donde pueda existir la libertad, la igualdad y el poder político. En este pacto, el pueblo es el soberano, por lo que la voluntad general no puede cederse a un particular.
Mediante el pacto social, cada persona deja sus derechos en manos de la comunidad, no en manos particulares, y espera que todos los demás miembros lo hagan. Cada individuo debe despedirse de sus intereses particulares para pensar en los intereses comunes. Así, aunque el individuo pierde su libertad natural, pasaría a convertirse en un miembro activo de la sociedad, adquiriendo la libertad civil y obediencia a la ley.
Esta soberanía popular se expresa en la Voluntad General, que no es una suma de las voluntades individuales, sino una realidad que surge de la renuncia de los intereses propios. La voluntad de todos sería una suma de intereses egoístas; sin embargo, la Voluntad General es del sujeto colectivo que siempre pretende el bien común. De esta forma, los hombres pueden entrar en un nuevo estado, que consiste en una sociedad racional y libre donde se erradicará el mal moral y la injusticia, permitiendo alcanzar la felicidad.
Como la Voluntad General aspira al bien común, nadie tiene derecho a oponerse. La soberanía reside en el conjunto de la sociedad, es decir, si el pueblo es soberano, significa que el poder reside en ellos y nadie puede arrebatárselo. Por eso la soberanía es inalienable e indivisible, no puede entregarse ni separarse.
