El Estatuto de Autonomía de Cataluña (1932)

En las primeras décadas del siglo XX, los nacionalismos periféricos habían crecido mucho, sobre todo en Cataluña. Sus líderes procedían de la burguesía católica y de familias carlistas.

El Ascenso del Nacionalismo Catalán

El programa de La Lliga se había centrado en el ámbito cultural y en la reclamación de protección arancelaria para la industria textil. El partido tenía una buena relación con la oligarquía económica del resto del Estado y se mostraba satisfecha con la creación de la Mancomunitat, sin poder ejecutivo, pero con competencias en materia cultural. El sector mayoritario del partido se había mostrado a favor de cierta autonomía para Cataluña como requisito para el reconocimiento de la personalidad catalana.

El acercamiento al republicanismo fue obra de Macià, dirigente de Estat Català, cuyo objetivo era la República de Cataluña dentro de una república federal española. El partido atrajo a clases medias, campesinos y obreros. La política represiva de la dictadura provocó, además, un fortalecimiento del sentir catalán.

Muchos regionalistas se habían convertido en nacionalistas; sin embargo, los regionalistas conservadores no se sentían atraídos por la idea y mantenían buena relación con el Gobierno central. Ante la amenaza anarquista, se afianzó el espíritu de clase nacionalista. Entonces, representantes del catalanismo de izquierda crearon Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), cuyo programa incluía:

  • Reivindicaciones laborales.
  • Reforma agraria.
  • Un Estado para Cataluña.

El avance del nacionalismo y el deseo de los republicanos de integrar a sus representantes en el nuevo régimen fueron los factores que impulsaron esta empresa con decisión. Una comisión consiguió que Macià reconociera la República española a cambio de ser reconocido como presidente de la Generalitat y de que el Estatuto de Autonomía de Cataluña fuese sometido a referéndum en Cataluña y después aprobado por las Cortes. En el gobierno formado por Macià estarían presentes todas las fuerzas republicanas y socialistas catalanas, salvo La Lliga (por decisión propia) y los anarquistas.

El Proyecto y la Aprobación del Estatuto

El proyecto inicial de Estatuto atribuía la soberanía al pueblo catalán y establecía que la Generalitat se reservaba qué competencias y cuáles delegaba al Gobierno central. La lengua oficial debía ser el catalán. La enseñanza, la cultura y el patrimonio artístico eran competencia de la Generalitat. Este proyecto fue rechazado por muchos sectores fuera de Cataluña.

El contenido del Estatuto fue discutido por decisión del Gobierno en las Cortes, y estas redujeron las competencias de las futuras instituciones catalanas. El Estatuto debía establecer que la soberanía residía en el pueblo español y en las Cortes, que decretaban y sancionaban, además de determinar qué competencias transferían. Se le concedían amplias facultades legislativas en casi todas las materias, pero el Gobierno central se reservaba la posibilidad de desempeñar tales servicios en caso de crisis.

Las modificaciones clave incluyeron:

  • Castellano y catalán eran lenguas oficiales en Cataluña.
  • La enseñanza era competencia del Estado.
  • Se establecía una única universidad con autonomía propia.
  • La defensa era competencia exclusiva del Estado.

La opinión catalanista aceptó las modificaciones en el Estatuto como lo mejor posible en esa situación, aunque un sector ansiaba la independencia. La concesión del Gobierno central de instrumentos de gobierno permitió a los catalanistas extender su discurso.

El Estatuto de Autonomía Vasco

El Proceso Autonómico en Euskadi

El nacionalismo vasco era más débil, con fuerte presencia en Vizcaya, y los republicanos se sentían menos comprometidos a impulsar su proceso autonómico. La proclamación de la República en Eibar (14 de abril de 1931) simbolizó el esfuerzo de una izquierda que deseaba llevar a cabo una revolución democrática en España mediante la consolidación de un régimen reformista, republicano, laico y moderno.

Tras la proclamación de la República, el Partido Nacionalista Vasco (PNV) tomó la iniciativa para alcanzar un estatuto de autonomía. Aunque existía una corriente independentista de gran calado en Vizcaya, la mayoría abogaba por la autonomía. José Antonio Aguirre, alcalde de Getxo, planteó la necesidad del estatuto. El PNV propuso que solo los municipios participaran en su redacción.

En septiembre, el proyecto de Estatuto fue entregado al jefe de Gobierno. El texto hacía referencia a cuatro provincias: Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Navarra, y suponía que las instituciones vascas asumirían numerosas competencias. Además, serían considerados ciudadanos vascos todos los nacidos en la región y los que tuvieran dos años de residencia. El PNV introdujo dos enmiendas:

  1. Se exigían diez años de residencia para ser ciudadano vasco.
  2. Las relaciones con el Vaticano se reservaban al Gobierno vasco.

Esta última enmienda era anticonstitucional. La tensión entre el nacionalismo y la izquierda, agravada por las medidas anticlericales del Ejecutivo, llevó al proceso autonómico al fracaso.

Estancamiento y Relanzamiento

En abril de 1932 se redactó de nuevo un Estatuto que no fue del agrado del PNV: se definía a Euskadi como núcleo político-administrativo autónomo. Navarra se desligó de la futura comunidad autónoma y la mayoría de sus representantes, afines al navarrismo regionalista, el carlismo y la izquierda, decidieron elaborar su propio estatuto dentro de la tradición foral.

En 1933 se relanzó el tema y en el plebiscito de noviembre, más de dos tercios de la población vasca otorgaron un «sí» al estatuto. Podría darse por aprobado. No obstante, en las elecciones generales se impuso la coalición conformada por el Partido Radical (de centro-derecha) y la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) (derecha católica). Este último era contrario a los estatutos de autonomía y, dado que el Partido Radical necesitaba el apoyo de la CEDA, el Gobierno se pronunció poco después en contra del Estatuto. La autonomía vasca quedó estancada y se retomaría dos años después.

La Persistencia del Terrorismo de ETA

ETA durante la Transición Democrática

La llegada de la democracia no acabó con los grupos terroristas. Una parte de ETA había abandonado la lucha armada tras la concesión de la autonomía, pero esto no debilitó a la organización, sino todo lo contrario. La alternativa KAS (Koordinadora Abertzale Sozialista) dio origen en 1978 a la coalición Herri Batasuna (HB), de la que formó parte Acción Nacionalista Vasca. HB se presentó a las elecciones y obtuvo representación en las instituciones del País Vasco. En las primeras elecciones autonómicas vascas de 1980, Herri Batasuna consiguió el 20% de los votos, solo por detrás del PNV.

ETA incrementó su arsenal y su actividad aumentó. El 90% de su acción no iba contra la dictadura franquista, sino contra el sistema democrático. Entre 1976 y 1982, ETA asesinó a 338 personas con el objetivo de conseguir:

  • La retirada de las fuerzas de orden público del País Vasco.
  • La autonomía con Navarra.
  • El derecho de autodeterminación para alcanzar un Estado vasco.

El asesinato de varios jefes y oficiales del Ejército era una provocación directa a las Fuerzas Armadas, que pretendía dos cosas: por un lado, que desembocara en un golpe de Estado; y por otro, una reacción del pueblo vasco, que se levantaría para luchar por sus derechos contra España. La construcción del Estado de las autonomías siguió su curso con los gobiernos socialistas. La reforma de los estatutos tampoco fue un tema pacífico, por lo menos hasta 1992.

Intensificación y Negociaciones

ETA mantuvo los índices de tensión muy altos, compaginando los atentados individuales con el empleo de coches-bomba en espacios públicos. Entre los atentados colectivos destacan:

  • La bomba del Hipercor de Barcelona en junio de 1987, que acabó con la vida de 15 personas.
  • El atentado cercano a un cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, cuya bomba causó 12 muertos.

Sin embargo, el avance en la lucha antiterrorista era indudable gracias al trabajo de los servicios de información y al comienzo de la colaboración de Francia. ETA estaba muy debilitada tras la detención de varios comandos y la muerte de su máximo dirigente, Txomin Iturbe. Esta situación decidió al Gobierno a abrir conversaciones con el grupo terrorista para tratar de encontrar una salida negociada a la violencia, aunque no se consiguió nada.